CELSA DÍAZ ALONSO
Me contaba un amigo que un habitual asistente a aquellas asambleas en las que se discutía el futuro, no sólo de nuestro país, sino del mundo mundial, a base de huelgas y movilizaciones varias, eso si se llegaba a un acuerdo sobre la forma de votación: secreta o a mano alzada (¿Y cómo se votaba el tipo de votación?), si era vinculante o no vinculante etc., estaba convencido de las bondades del régimen soviético y de su amor a la humanidad, utilizando para ello un argumento que provocaba la hilaridad incontrolable del resto de los contertulios.
-Mira si cuidan la salud pública -decía entusiasmado- que hacen los cigarrillos más cortos para que se fume menos.
Las carcajadas se oían seguramente en Vladivostok y el interfecto, muy ofendido, tomaba las de Villadiego mientras despotricaba sobre la ignorancia y la falta de compromiso del resto.
Pues hete aquí que, para tremebunda sorpresa, parece que aquel ex joven y ex barbudo (como correspondía al look de la época) tenía toda la razón del mundo y, en efecto, el resto eran unos ignorantes de tomo y lomo. No se explica sino que Coca-Cola haya hecho unas latas de menor volumen, con el loable propósito de velar por nuestra salud e impedir que el mundo se llene de obesos azucarados. Con el pasar de los años aquellos buenos propósitos «jipilondios» de dar al mundo un mensaje de paz, se convierten en rancia posmodernidad. Y es que los salvadores de uno y otro jaez no gustan demasiado en la República Independiente de Paraxes, así que cuando estos días todos los entrevistados en los medios destacaban por encima de cualquier otra virtud el patriotismo de don Sabino, mis gallinas torcían el gesto desconfiadas y contrariadas.
Curioso resulta que las lumbreras políticas de uno y otro color se decanten por una exaltación desmedida del terruño patrio que suena un tanto hipócrita en boca de quienes son expertos en desmanes y corruptelas varias, y dejan a muchos ciudadanos estupefactos, e incluso algo mosqueados.
Señores y señoras, todos y todas, aquellos y aquellas que han hecho de la política su profesión y modus vivendi, les recuerdo que la tal patria es un mundo habitado por hombres y mujeres (a veces temo que la cosificación de las personas campea a sus anchas en ciertos cerebros), que no deberían tener que utilizar parte de sus fuerzas y su tiempo atendiendo a problemas internos de luchas de poder y control -que tantas miserias en sus filas resulta vomitiva-, a los que maldita la gracia que les hace que el dinero público se utilice para el enriquecimiento personal -que llevamos una temporadita?-, y a los que el caciquismo que preside en tantos casos la vida municipal, dejando en ridículo a las negras épocas de la Restauración, les revuelve las tripas.
Tengan en cuenta todo esto (y muchas cosas más que no caben en este artículo) cuando con palabras rimbombantes y fatuas hablen de patriotismo y democracia. Si realmente don Sabino merece tantos elogios, no será por haber seguido un carrerón como el de alguno de ustedes.