JAVIER NEIRA
Pero ¿para qué demonios quiere Cajastur hacerse con Caja Castilla-La Mancha? La pregunta no tiene respuesta si antes no se aclara qué -quién, personalizada- es Cajastur y ése sí que es un interrogante imposible de despejar.
La naturaleza jurídica de las cajas está fijada porque los papeles todo lo resisten -y el mundo del derecho es magia potagia cuando interesa-, pero desde la pura lógica todo lo que no es propiedad de alguien, de una o varias personas físicas, tiende hacia lo fantasmal, y nunca mejor dicho en estas horas de Halloween, que, hay que indicarlo una vez más, es una fiesta nuestra, ahora de vuelta: hoy, día de Todos los Santos, por los muertos que están en el cielo; mañana, día de los Difuntos, por los muertos que están en el purgatorio, y el martes, día de los Demonios, por los muertos que están en el infierno, que, claro, no se celebra. El cuarto mundo es éste, el de los vivos, el de Cajastur, que es del Principado, del Ayuntamiento de Gijón y... pero ya me dirán quién patronea esas venerables instituciones.
¿Para qué quiere Cajastur hacerse con una entidad con la mayor quiebra de la historia de España, doble que la de Banesto, por muchas ayudas públicas que vaya a recibir?
La crisis financiera mundial en curso se va a saldar con un adiós a la teratobanca. Así, cuando vuelvan a venir mal dadas, podrá quebrar sucesivamente un rosario de pequeñas firmas, facilitando un ajuste ahora imposible dado el piélago de grandes bancos. Vuelve lo pequeño y ahí Cajastur, tan bien gestionada, es la reina. Además, ¿no dijo Cervantes que las asturianas, aunque más feas que las manchegas, son mucho más solventes?