JAVIER NEIRA
Año nuevo. Quiero decir que según se vea la sucesión de las estaciones, a partir de las cuatro convencionales, pueden plantearse otras coordenadas más finas que las indicadas por el reduccionismo de las horas solares. De ahí, determinadas costumbres ancestrales que apuntan a sabidurías tan remotas como sutiles. Vamos, que después de los Difuntos empieza el año y al tiempo el invierno -tras la muerte no hay más alternativa que la vida, según el eterno retorno- y, sucesivamente, por San Blas y sus cigüeñas se apunta la primavera; en los primeros días de mayo -quizá los más hermosos del año- nace el verano, y al poco de inaugurar agosto hay que estar muy ciego para no ver la caída de las hojas y el rostro del otoño entrante, cargado de melancolías.
Traduciendo: a ver qué hacen hoy los mercados de valores, vistos como caja de resonancia de movimientos telúricos sin padre ni madre.
Después de siete meses de subidas ininterrumpidas en la Bolsa española, octubre se cerró con un descenso de casi un tres por ciento, y aunque la economía de EE UU repunta con fuerza, todo indica que en esta vieja piel de toro se están haciendo trampas en el solitario, ocultando agujeros de los balances de los bancos y manteniendo artificialmente altos los precios de los pisos para no repercutir minusvalías en las cuentas de los grandes capos de los dineros.
Creo que ha sonado la hora de la verdad. La salvaje inyección de adrenalina ha provocado el resultado apetecido, pero ya no caben otras dosis. Las ayudas se han pasado de rosca, ya sube el precio del dinero y mientras los modestos oportunistas aún tantean dar un pelotazo, las manos fuertes están saliendo por pies. Sálvese quien pueda, que aquí la crisis empieza de ésta y nos coge mal, malos y maleados.
(Para la terapia de esta semana se recomienda vivamente la canción «Tu amor fue malo», de Jorge Celedón, rey del vallenato y premio «Grammy». Ayer actuó en la sala Azúcar de Oviedo).