JAVIER MORÁN
Seguimos a vueltas con la macroincineradora de Serín, según se deduce de una jornada de debate convocada ayer por Los Verdes en Gijón. El asunto general de los residuos asturianos ni pare ni preña, pese a que dicen en el Gobierno del Principado que el vertedero central tiene los años contados. No obstante, parece que con el horno crematorio es con lo poco que se plantan Izquierda Unida y Los Verdes con respecto a sus socios socialistas del Gobierno regional.
La tesis de lo expuesto ayer en el citado debate viene a ser que con una incineradora que se trague tanta basura se relajaría el ánimo del ciudadano en cuanto al reciclado de basuras. Es más, la propia Administración no incentivaría lo de las bolsas de colores para meter en cada cual los residuos según tipos. El fuego incinerador vendría a ser el final de todos los problemas y el motivo por el que el cubo de la basura vendría a ser como los de antes: monotemático.
Sea como fuere, el caso es que ya hemos perdido la cuenta de los años que Asturias lleva dándole vueltas a la incineradora. No obstante, recordamos aquella gira del Principado, con asociaciones vecinales incluidas, que recorrió barrios elegantes de Europa en los que el vecindario convive con una incineradora. Fue tan bello el viaje que casi nos persuadieron después de que un europeo civilizado es ese señor o señora que sale de su casa y respira hondamente junto a la chimenea de su incineradora vecina, porque lo que de ella emana es puro y limpio como el mismísimo aire de los Alpes.
Sin embargo, algo no nos encaja. La incineradora de la que se habla para Asturias quemaría 475.000 toneladas al año y, por más que le pongan filtros y mecanismo sofisticadísimos, algo se tendrá que notar su presencia.
En todo caso, ya decimos que lo más llamativo es que entre bloqueos políticos y discusiones varias los años van pasando y el tiempo de los problemas irresueltos de Asturias sigue prolongándose.