JAVIER MORÁN
Dos jóvenes gijoneses mostraron ayer un comportamiento heroico al arrojarse a un mar furioso para intentar salvar a una mujer que había sido arrebatada por el Cantábrico. La víctima fue arrancada de tierra en el pedrero al que se accede por la escalera «Cero», que otra vez ha hecho honor a su nombre: si te descuidas, te pondrá la vida a cero revoluciones, es decir, descenderás por ella a uno de los lugares más peligrosos de la costa gijonesa cuando la mar está embravecida. Ayer no fue posible salvar con vida a la mujer del suceso. Ya van dos fallecidos en dicho lugar, y aunque sea cierto que a nadie se le obliga a descender por esa escalera, puede que ya sea el momento de que Ayuntamiento y Demarcación de Costas mediten sobre los hechos.
Otra nota trágica del suceso de ayer, según testigos presenciales, fue la angustiosa espera por la operación de salvamento en sí misma, esto es, arrancarle al mar lo que se estaba tragando. Fuerzas y cuerpos de seguridad acudieron rápido a la zona de los hechos, pero el rescate propiamente dicho no llegó hasta bastantes minutos después. Seguro que se cumplieron los protocolos de salvamento. Por ejemplo, que es mejor esperar a que un helicóptero haya partido de La Morgal (en Llanera) a que lo haya hecho desde El Musel. Perdonen ustedes la ironía, porque hay un cadáver sobre la mesa, pero el hecho es que dos civiles actuaron ayer muy rápido (y no eran unos ingenuos impulsivos, ya que sabían a lo que se enfrentaban), mientras que la cobertura profesional tardó su tiempo.
No estamos juzgando a nuestros profesionales, cuyas hojas de servicio nos benefician todos los días, pero sí apuntamos de nuevo a los protocolos, o a que son muchas las fuerzas llamadas (Cruz Roja, Bomberos municipales, Policía Municipal, Policía Nacional, Bomberos de Asturias), pero pocas las elegidas. Puede que la seguridad del litoral gijonés necesite un repaso. Que mediten nuestras autoridades. Y felicitaciones a los dos jóvenes por un esfuerzo que, aunque infructuoso, fue memorable.