JAVIER NEIRA
Como ha escrito Gustavo Bueno, «en las escuelas antropológicas posteriores al evolucionismo», como el funcionalismo de Malinowski y algunas variables del estructuralismo, tal que Claude Levi-Strauss, «el pluralismo cultural fue deslizándose poco a poco hacia un relativismo radical: cada esfera cultural tendría su propia estructura interna, emic, que sería imposible entender desde fuera, etic». Por eso, añade Bueno, «cabrá decir, con Levi-Strauss: "Salvaje es quien llama a otro salvaje". De este modo el relativismo cultural comenzará a asociarse a un espíritu moderno, que algunos interpretarán pascalianamente como un "sprit de finesse", un espíritu de comprensión, de tolerancia, de respeto por el otro y por su sensibilidad, que se contrapone al "sprit géométrique", rígido, intolerante, imperialista, ciego para todo aquello que no presupone una evidencia universal, por encima de cualquier sensibilidad individual o de grupo».
No se puede explicar mejor.
Muere Levi-Strauss cuando su mundo de funcionalistas y estructuralistas -los adoradores del corte epistemológico- hace mucho tiempo que es pasado. Incluso sus herederos pots y hasta los post de los post, también conocidos como postmodernos, boquean sin remedio.
Ni que decir tiene que el cierre categorial estaba y sigue cien codos por encima. Ítem más, si las predicciones historicistas de Otero Novas se cumplen, que todo indica que sí, estamos inaugurando una era dionisiaca, antiapolínea y, por lo mismo, propia de pensamientos fuertes y, por qué no decirlo, imperialistas, ya que la razón tiende al absoluto.
No se anuncia un tiempo mejor pero ya que la bestia negra es el relativismo, la contra es saludable con regocijo.
No sobra decir que Levi- Strauss es quizás el intelectual francés más destacado de la segunda mitad del siglo XX; vamos, el oficialmente más importante del mundo.
Ah, no tenía razón: hay salvajes -no sólo con taparrabos- y dignifica a todos decirlo, incluso a los propios salvajes.