EUGENIO SUÁREZ
Cuando ayer me eché a la cara el periódico se esfumó toda esperanza de algo que temía, sin motivo ni interés personal alguno: Cajastur se había fusionado con Caja Castilla La Mancha. Me dije a mí mismo que aquello me importaba un pito, pues mi relación con las finanzas es imperceptible.
Para empezar, lamento discrepar del editorial que atribuye el desastre a que es la única entidad intervenida en España por la crisis financiera. No. Fue la incompetencia, la codicia, el latrocinio de unos gestores que se quedaron con lo que no era suyo. La crisis es posterior.
No me gustaba. Creía recordar que las cajas de Ahorros eran entidades sin ánimo de lucro, sin accionistas, creadas para favorecer las necesidades de la gente modesta. Cuando leí el tropiezo de la Caja de La Mancha me escandalicé, considerando que había fallado el control del Estado para defender a los ciudadanos. También me sorprendió que no ingresaran en prisión los administradores, porque la incompetencia, cuando hay dinero por medio, sólo se puede rescatar con penas aflictivas, máxime en el tan extendido caso en España donde los defraudadores de dineros públicos jamás devuelven un céntimo de lo afanado.
Sinceramente, no sé si es una buena operación y debe serla cuando los eficientes gestores de Cajastur se han lanzado sobre el asunto. Mosquea un poco que si es negocio tan mollar no haya más licitadores. La prepotencia de entidades gigantescas, como la Caixa, Cajamadrid y otras que prestan al Estado, a los clubes de fútbol, adquieren negocios desmesurados, patrocinan empeños políticos poco claros y crecen sin parar, le parecen a mi ignorancia una mistificación y desviación de su idiosincrasia. Leo que es bueno -en este caso concreto- que los manchegos tengan pocas oficinas en el Norte y que los nuestros anden flojos de sucursales en el Centro y el Sur. ¿Por qué ese afán expansionista? ¿Por qué la poderosa y voraz caja catalana ha rechazado el bocado manchego a causa de que sus metas son extenderse fuera de nuestras fronteras, y hablo de las del Estado, no sólo de las cuatro provincias? ¿No será más una confusión que una fusión?
Lo que me ha puesto los pelos de punta han sido las declaraciones de la señora ministra de Economía que afirma que con esta operación todos hemos salido ganando, porque se ignora cuánta gente se encuentra entre ese «todos».
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