JAVIER MORÁN
Los últimos datos sobre el aumento del desempleo en Gijón han obtenido otra vez el silencio del Ayuntamiento. Seamos comprensivos: es fácil ofrecer una rueda de prensa cuando las cifras son favorables, pero en la adversidad las lenguas se paralizan, o acaso balbucean, que es lo que viene sucediendo con el Gobierno de Zapatero desde que la crisis y el paro castigan a España con fuerza superior a la del resto de Europa.
Esta especie de «cantinfleo», u orden del discurso según el paradigma de Mariano Moreno, «Cantinflas», nos ha ofrecido en las últimas horas que los 100.000 parados registrados durante octubre se comparen benévolamente con los 200.000 del octubre de 2008 y, claro, la cosa parezca que va a mejor. No obstante, el hecho de estar abocados a un 20 por ciento de desempleo en los próximos meses pone los pelos de punta. Si el país lo sigue resistiendo, acabaremos creando un nuevo paradigma: un nuevo orden económico con una mano invisible, como la de Adam Smith, pero a la inversa, que sostiene a una nación incluso en las peores circunstancias.
Pero volvamos al desempleo en Gijón, ya que, a falta de comparecencia por parte de la municipalidad, quien se ha echado al ruedo ha sido Héctor Roces, secretario general de la Unión Comarcal de UGT, y lo hizo para mostrar un dato aún más definitivo que el coyuntural: entre octubre de 2005 y el pasado mes de septiembre el paro pasó en Gijón de 16.444 personas a 22.864, lo que supone un incremento de 6.420 desempleados.
Hablamos por tanto de un incremento de casi el 40 por ciento, lo cual induce a bastante preocupación. Pero lo más llamativo de dicha información por parte del líder de UGT es que este sindicato propone un reforzamiento del sector industrial gijonés, ya que la industria, añade, resiste mejor la crisis que sectores como el de la construcción. Acabáramos. Con dos astilleros muertos, o casi, vamos a ver dónde podemos empezar a agarrarnos.