JAVIER NEIRA
Son capaces de decir que dos y dos son siete. Todo vale en el PP contra Esperanza Aguirre.
La sinrazón de tanta saña es evidente: en España la derecha no puede existir más que como subproducto o chevalier servant de la izquierda, llamada a gobernar eternamente. Es lo mismo que ocurría en las dictaduras del Este donde reinaba sin pausa el Partido Comunista pero para completar el cuadro y camelar a los tontos existía un partidillo de oposición que daba apariencia de alternancia.
Un pequeño repaso histórico despeja cualquier duda. En España, a Suárez lo echaron con pésimas artes -vamos, con un doble o triple golpe de Estado encadenado- y después Fraga-Gallardón se encargaron de fingir una oposición inexistente. Agotado el felipismo y podrido el gonzalato, fue inevitable que llegara el PP a la Moncloa pero, ojo, con un ministro de Defensa -¡y jefe de los servicios secretos!- socialista, lo nunca visto. No hace falta recordar que Aznar fue despedido con el mayor atentado terrorista de Europa occidental del que, cinco años después, no sabemos nada de nada, sólo que desaparecieron 92 toneladas de pruebas y es que había demostrado la inmensa superioridad de la derecha sobre la izquierda. Sólo un dato: cuando dejó Felipe González el Gobierno, en España trabajaban 12,5 millones de personas, la misma cifra que cuando murió Franco, y eso que la población era sensiblemente superior. Pues bien, cuando lo dejó Aznar, ocho años después, trabajaban 17,5 millones de personas. Así es el socialismo, así el liberalismo.
Rajoy, en el nuevo escenario y tras fracasar en dos elecciones generales, ha demostrado ser el perfecto líder de la derecha: perdedor y silente.
Quien no encaja en el sistema es la ganadora Esperanza Aguirre que, además, da constantes batallas por España y la libertad. Por eso hay que echarla como sea para, amortizado Rajoy, poner al frente del PP a Gallardón, el viejo número dos de Fraga y vuelta al paraíso socialista de los ochenta.
Son capaces de decir que dos y dos son siete. Todo vale en el PP contra Esperanza Aguirre.