ALBERTO DEL RÍO LEGAZPI
Anteayer fui testigo de la reacción de una señora, aparentemente subida ya en los ochenta años, cuando un «chorizo» intentó apropiarse de su bolso. Fue en el barrio de Sabugo, que como dice la copla traidora es «barrio muy puñetero donde todo huele a besugo y a suelas de zapatero».
De repente aparece un tipo corriendo como un descosido y al llegar a la altura de la señora le tira del bolso, intentando arrebatárselo. La dama muy aferrada a su bolso, y por el efecto del arrastre, giró sobre sí misma por dos veces como un muñeco de feria, mientras mantenía a duras penas el equilibrio con su paraguas. Y al completar el segundo volteo tal y como si actuara movida por un resorte, le solmenó un paraguazo al tipo en plena cara, dejándole maltrecho, aunque no lo suficiente como para que pusiera pies en polvorosa en medio de alaridos de dolor.
Luego, la señora, muy digna se dirigió a los tres o cuatro que, en un visto y no visto, habíamos presenciado tan efectivo ejercicio de autodefensa: «A lo mejor, ahora detiénenme a mí por dai un paraguazo».
Hace quince días en una aldea de Siero tres ancianos, mayores de 77 años, evitaron un atraco a mano armada en su vivienda, defendiéndose con lo que tenían a mano: una muleta, un insecticida y aguafuerte embotellada.
Los agresores que iban armados efectuaron un disparo de escopeta, pero a continuación recibieron una somanta inenarrable, entre uno que les atizaba muletazos a destajo y los otros dos que los regaban sin parar con los agresivos líquidos. Ante semejante despliegue defensivo comenzaron los cacos a retroceder. Y fue tal su frustración que acabaron arrojando una pistola contra una ventana de la vivienda para luego emprender la huida en medio de aullidos de dolor, dejando rastros de sangre.
Uno de los ancianos, Benigno Suárez, declaró a la Guardia Civil haber sentido gritar a los atracadores, «pero como toy un poco sordu, no sé muy bien lo que me decíen».
Habrá que replantearse eso de que los asturianos estamos en crisis. Al menos mientras nos dure esta cosecha de tercera edad. Y que un pelín sorda gana en finura.