JAVIER MORÁN
Prosigue, y se incrementa, el aislamiento asturiano. Cualquiera que acostumbre a viajar a Madrid se te acerca y se lamenta de que hay pocos aviones y plazas insuficientes en los ferrocarriles a determinadas horas. Y todavía más grave: los amigos que nos visitan expresan su perplejidad por las dificultades para llegar a Asturias por medios públicos.
Es cierto. La mengua de vuelos es circunstancia evidente, mientras que coger un tren Alvia se pone cada vez más difícil. Tal vez el de las 7 de la mañana se presenta más desahogado, pero en el resto sucede que la mayor parte de las plazas son ocupadas por viajeros que suben en León, Palencia o Valladolid, camino de Madrid, con lo cual el demandante asturiano se encuentra con dificultades para reservar o sacar billete. A la viceversa sucede lo mismo.
Pero anuncia el consejero Buendía que está negociando fuertemente para lograr nuevos enlaces aéreos. Pues que avive el seso, porque al asturiano empieza a darle vergüenza reconocer estas circunstancia entre oriundos y foráneos.
Esto, por lo que respecta al presente. En cuanto al futuro, persiste la gravísima obstinación del Gobierno del Principado contra el AVE del Cantábrico, y concretamente con al conexión hacia el Oriente, hacia la frontera francesa y hacia el eje del Ebro.
Este último, mediante futura conexión trenera del Mediterráneo con el Atlántico, va dando pequeños pasos. Las siete comunidades autónomas involucradas acaban de reunirse con el ministro Blanco y se han mostrado muy sonrientes.
Nosotros, en Asturias, estamos condenados por nuestro Gobierno regional a ver de lejos los trenes que atraviesen la frontera por el país Vasco, o que vengan del Mediterráneo para encaminarse al norte de Europa a través de ese punto fronterizo.
No hay derecho a que nuestros repúblicos asturianos sean ajenos a todo ello y nos sentencien de este modo.