LUIS M. ALONSO
Sentirnos espiados es una de las ventajas que reporta este Gobierno. Con él, todo son facilidades. El sistema Sitel nos hace más seguros frente a la delincuencia y el terrorismo, ha dicho Rubalcaba. El ministro del Interior es la mejor versión que tenemos en este país de la TIA, aquel invento humorístico de Ibáñez, pero el hecho de que haya que tomárselo a broma no signifique que no resulte inquietante. Por algo, inquietante es sinónimo de Alfredo Pérez Rubalcaba.
El mismo ministro del Interior se contradice al recalcar que no estamos en una sociedad vigilada, sino en una sociedad protegida. A cualquiera que le pregunten si es posible la protección sin vigilancia dirá que no. Y, también, a cualquiera se le ocurre que acceder a los datos personales significa, ni más ni menos, acabar con la privacidad.
Por sus contradicciones los conoceréis: todo aquello que para los socialistas resultaba repugnante de la Administración Bush es ahora algo irrenunciable. Lo de Bush era la fantasía de Orwell hecha realidad, pero en lo que en estos momentos coinciden el ministro del Interior y la secretaria de seguridad de Estados Unidos, Janet Napolitano, está plenamente justificado por los peligros que acechan a las sociedades libres. La amenaza a las libertades del individuo se ha convertido en lo que va de Bush a Obama en una gran ventaja. Ya ven.
No deja de ser gracioso escuchar a estas alturas que los grandes atentados terroristas no se habrían producido o se hubieran mitigado de haberse puesto de acuerdo Rubalcaba y Napolitano. Lástima de sistema Sitel, de telefonía móvil compartida y de internet. Lástima de Estado policial.
Uno es consciente de que ha dejado hace tiempo de ser dueño de su privacidad. Lo percibe cada vez que le llaman por teléfono desde cualquier terminal para venderle cualquier cosa. Pero resulta aterrador que Gran Hermano le grabe sus conversaciones.
-¿Gran Hermano dice? Pero ¿no era Rubalcaba?