JAVIER MORÁN
A los vecinos disconformes con las torres de la futura urbanización de Roces les ha surgido un curioso aliado: uno de los promotores inmobiliarios llevará el caso a los tribunales, pues considera que la reformulación del plan, que incluye las nuevas alturas de los edificios, perjudica sus intereses, basados en el planeamiento inicial de la zona.
Suponemos que el caso versará sobre aspectos como las sombras de las torres o las vistas interrumpidas desde los ventanales de los edificios bajos. O, más en general, acerca de que las alturas tienen más atractivo que las bajuras.
Veremos cómo evoluciona la demanda, pero mientras tanto conviene traer a colación un suceso pasado del urbanismo gijonés que guarda alguna similitud con el de Roces y que indica por dónde podrían ir los tiros futuros.
En cierta zona de la ciudad, la Comisión de Urbanismo del Principado, la CUOTA, recalificó hace unos años unas parcelas tras la solicitud de sus propietarios de que les fuera incrementada la edificabilidad, ya que dichas fincas estaban próximas a edificios de varias plantas. El Ayuntamiento -con el edil Morales y el arquitecto Ovidio Blanco- mostró disconformidad hacia la recalificación y argumentó ante la CUOTA que se creaba un agravio comparativo con otras parcelas de la zona, limitadas a vivienda unifamiliar.
La respuesta de la Comisión de Urbanismo fue tumbativa: pues que esos propietarios reclamen cuando se revise el PGOU. En efecto, justo al día siguiente de ser publicadas estas decisiones, un vecino de la zona telefoneaba a este periódico y preguntaba qué debía hacer para conseguir lo mismo. Amablemente se le remitió al Ayuntamiento y suponemos que actuaría después según sus intereses.
En definitiva, el café para uno se había convertido en café para todos. Moraleja con interrogante: ¿sucederá lo mismo en el plan de Roces, es decir, todos hacia el cielo?