JAVIER MORÁN
Con la bajamar todo se ve, reza el dicho gijonés; y con las primeras lluvias intensas han quedado al descubierto algunas lindezas de las obras públicas de la villa de Jovellanos. Por lo pronto, el nuevo paso subterráneo entre La Calzada y Tremañes ha mostrado que el agua fluye siempre hacia las partes bajas. Una hermosa lección de física básica que en el caso de autos se ha traducido en goterones, charcos y agua corriente sobre el asfalto y un pequeño argayo. La verdad es que lo primero que habíamos pensado es que dicha obra correspondía al «plan E», el fondo de inversión local de Zapatero, el cual incluye obras que han de finalizarse en el plazo del año en curso. Pero no. La cosa pertenece al «plan Urban», es decir, no está sometida a la premura de ejecución de los fondos contra la crisis.
Sea como fuere, el tunelillo de La Calzada-Tremañes ha mostrado algunas deficiencias que afortunadamente se han producido antes de su inauguración oficial. Ello hace suponer que la municipalidad se esmerará en repararlo para que pueda haber paseo de autoridades, so pena de que el vecindario exprese su cabreo en el día del festejo. Otra posibilidad es la de esperar a la temporada seca para darle la bendición laica. Y una tercera alternativa es la de no inaugurarlo nunca.
Las lluvias intensas también han llevado sorpresas a los mosaicos de la Acerona y de la plaza de El Humedal, recién reazulejados con unas baldosas relucientes que meten miedo.
Según llovía, se iban transformando dichos azulejados en una permanente lámina de agua deslizante, hasta que fueron rodeados por una cinta plástica preventiva que el viento echó al suelo al segundo soplo. Unas vallas hubieran sido más eficaces, pero hay que reconocer que es un detalle que el Ayuntamiento te deje la cinta tan cerca. Así, si te pegas el castañazo, siempre podrás echar mano de ella y hacerte un lazo en el tobillo del esguince, para no confundirlo con el sano.