JAVIER NEIRA
El Muro no cayó, lo derribaron. La precisión es importante ante el mar de mentiras que se agita estos días, secuela del océano de engaños que durante años funcionó como verdad oficial.
Y lo tiraron las ideas reinantes en las democracias liberales frente a los dogmas imperantes en los socialismos reales.
Unas ideas encarnadas en millones de personas, encabezadas por Juan Pablo II, Ronald Reagan y Margaret Thatcher, tres líderes cristianos. Elemental, el mapa del cristianismo y el de la libertad -llevada a medio planeta con la Cruz- coinciden exactamente.
El Muro estaba mantenido por dictaduras feroces que contaban con la complicidad -en este lado, en Occidente- de millones de quintacolumnistas. Baste recordar aquellas manifestaciones pacifistas -menudo sarcasmo- en los años ochenta contra la instalación en la Mitteleuropa de los misiles «Pershing» y «Cruise» yanquis mientras se aplaudían los misiles «SS-20» soviéticos.
Por cierto, la quinta columna ahí sigue: venga abrazos con la repugnante dictadura castrista y tal y tal y tal.
El derribo del Muro fue una victoria de la libertad y no un éxito de la concordia, como piensan en la Fundación «Príncipe de Asturias», creada por Sabino Fernández Campo para apoyar a la Corona y convertida, con el tiempo, en un problema por premiar a escritores estalinistas o ver el triunfo como entrega. A ver cuando le dan un giro de 180 grados.
La amenaza de una dictadura universal no ha desaparecido. Lo intentaron en el siglo XX y se hicieron con medio planeta. Volverán a las andadas -ahí está el Nuevo Orden Mundial en marcha-, y quizá a la segunda lo consigan.
Conclusión: día de la victoria de las Hespérides liberales sobre los Hades socialistas pero sin bajar la guardia, porque el terrible monstruo sigue al acecho.
(Para la terapia de esta semana se recomienda vivamente la canción «Berlin», del cantante israelí Aviv Geffen, sobrino de Moshe Dayan).