JAVIER MORÁN
Se empeñan en tirar de los brotes, a los que llaman verdes. Porfían en empujar los capullos de la recuperación, que todavía no han brotado. Pero tanto optimismo político huele a pies de barro, pues incluso se basa en calendarios contradictorios. El presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, acaba de declarar que 2010 marcará el «punto de inflexión» de la crisis. Sin embargo, la concejala de Empleo del Ayuntamiento de Gijón, Begoña Fernández, tan seria, y que tanto respeto nos infunde, decía el otro día en una tribuna de este periódico que la crisis ya «ha tocado fondo».
Hay un índice que mide el estado de ánimo empresarial, o algo semejante, pero no sería necesaria una medición periódica semejante del optimismo de nuestros políticos, siempre exuberante, si gobiernan, o avinagrado, si transitan por la oposición.
No obstante, hay que aplicar al caso la moraleja de aquella versión de Caperucita: cuanto más dulce la lengua, más afilado el diente; es decir, cuanto más nos regalen el oído, mayor habrá de ser nuestro temor a que el túnel económico resulte más largo de lo temido.
En el Ayuntamiento también dicen contemplar brotes y capullos que surgen en los remaches del astillero Juliana. Ya no se utilizan remaches en la construcción naval, pero tal y como la SEPI y los propietarios han dejado la factoría gijonesa habrá que hipotecar hasta los antiguos martillos de remachar.
Al concejal de IU, Jesús Montes Estrada, «Churruca», le hemos escuchado un llamamiento a la unidad para salvar el astillero. La verdad es que había ya unos cuantos que estábamos muy unidos en la convicción de que privatizar Juliana sería un desastre perfecto. IU era de esta opinión, pero sus consideraciones no sirvieron de nada e incluso permitieron que la municipalidad se mostrara lamentablemente pasiva, mientras los astilleros andaluces, vigilados por Chaves, entraban felizmente en Navantia y no en un pozo negro en el que algunos sólo veían capullos.