ALEJANDRO ORTEA
Hay en el monasterio de San Benet de Montserrat una monja llamada Teresa Forcades y que a su condición de profesa une la de médica. Últimamente se habla mucho de ella porque ha expresado sus dudas acerca de la bondad o inocuidad de las vacunas para la «gripe A». Lo que sus insinuaciones -que no afirmaciones- deslizan es que, como la fabricación masiva de la vacuna proporciona grandes ganancias a las empresas farmacéuticas, deberíamos sospechar fundadamente que los laboratorios, en su ánimo desmedido de lucro, pueden llegar a fabricar vacunas inoperantes o, muchísimo peor, peligrosas para la salud. Tras escucharla, queda la sensación de que la taimada gripe forma parte de una conspiración. Al rodar por el mundo su teoría y, encima, provenir de una monja, muchos la han puesto de chupa de dómine. Probablemente, de no ser monja, las opiniones de esta médica habrían obtenido distinto eco -exactamente el mismo que el de cualquier otro médico en una reunión privada o en un medio de comunicación de proximidad- y ella no estaría ahora bajo la lupa de la opinión pública y de los grandes medios. Merced a esta insistencia mediática, nos hemos enterado de que está programada su participación en un curioso congreso en Barcelona.
En los programas de la convención -organizada por Miguel Celades, empresario, también catalán, que promueve la fabricación de coches con motor de aire comprimido, convencido de que la humanidad fue creada por alienígenas a partir de ingeniería genética- figuran también preclaros eruditos como Lluís Botinas -clásico negador de que el VIH provoque el sida- o Alfred Lambremont Webre -inventor de la «exopolítica», consistente en el estudio de los procesos políticos y de gobierno en la sociedad interestelar-: probablemente, la participación de la benedictina de Montserrat haya de ser enmarcada entre esas actividades de evangelización misionera tan caras a la jefatura vaticana, la misma que ahora anda preocupada en imponer sus símbolos en los centros educativos o en dictar normas sobre enterramientos y cremaciones.
Aparte del asunto de la lluvia, el viento y el frío, en el pueblo y en la provincia nos hacemos lenguas acerca de asuntos más mundanos, como indudablemente lo es la absorción por parte de nuestra caja de ahorros de la manchega, a la sazón bastante más estropeada. Todos contentos. ¿Todos? No. Uno, solo y caminero, resiste y manifiesta que no le gusta.
Tras lo escrito por Álvarez-Cascos sobre la absorción manchega, no cabe la menor duda de que Celades, el hombre del motor de aire comprimido, tendría que haberle invitado a su barcelonés II Congreso de ciencia y espíritu, junto con sus otros valientes incomprendidos. Ahí tienen a Arias de Velasco y de la Ballina, un nuevo yacimiento para la clientela congresual de «su», por ahora, recinto ferial: negacionistas del sida, exopolíticos, monjas conspiranoicas, creyentes en la Tierra hueca y camineros originales. Tremendo vergel.