EUGENIO SUÁREZ
La verdad es que no pensaba tocar este asunto, tan trabajado por los medios de comunicación, pero la actualidad llega a abrasar a quienes intentamos el diálogo con los desconocidos lectores. El asunto del atunero vasco está lleno de matices, que van desde la original ikurriña enarbolada en aguas internacionales hasta la penosa y peligrosa situación de los pescadores.
Que los barcos se vayan tan lejos no depende de ninguna decisión política, sino del libérrimo instinto de los atunes por lugares donde no se les persiga con la saña con que estamos esquilmando parte del mar. Siempre estuvieron lejos las capturas, desde los lenguados cerca de Groenlandia hasta el insípido fletán o cualquier pez que nos alimente. En este caso, los piratas somalíes no están defendiendo el medio ambiente ni les importa un pepino las bandadas de atúnidos que azulean en sus aguas. Están demostrando una capacidad organizativa superior, con redes informáticas en todo el mundo, posibles oficinas en centros neurálgicos de poder económico y medios materiales camuflados de canoas, propulsadas por poderosísimos motores, así como un caro y eficaz armamento que les permite asaltar cualquier tipo de buques. Yo que ministro de Marina -o Defensa, o como ahora se despiece- andaría con cuidado.
Pero habló el Presidente desde Polonia, donde nunca sabremos qué se le ha perdido, porque nunca encuentra nada, y nos dice que la situación está «encauzada» y se queda tan fresco. Encauzar es buscar un cauce, una corriente o darle dirección a un problema. También es dirigir por buen camino un asunto o una discusión. Aquí parece que se ha empezado con mala bordada: traer a dos presuntos rehenes que, por gracia de Garzón, se han convertido en sobrevaloradores del rescate. La vicepresidencia transatlántica nos asegura que el Gobierno está buscando la solución más adecuada y con esas optimistas declaraciones dejamos al desventurado Moratinos que le retuerzan los pulgares pidiendo más rescate. Excusado decir que el dinero para salvar la vida de los marineros saldrá de la caja de todos, aunque se muestren tan virtuosamente exigentes cuando se pidió que a esos barcos, cuando llevaran insignia española, les defendieran los infantes de Marina, que para eso están. El consuelo nos lo proporciona la «vice» Elena Salgado, asegurando que la tripulación se encuentra bien, dentro de la dramática situación, y que los buques no carecen de víveres ni de agua. Creo que se refiere a la pesca, si disponen de cañas y anzuelos, por un lado, y a la inmensidad del océano que les rodea. Por lo demás, sin novedad, señora baronesa.
La guinda impune la pone el magistrado Garzón al declarar que «hay vías legales para resolver el caso» mientras le ponían una toquilla carmesí y un gorrito con colgajos. Si el resultado fuera funesto, al menos habría quedado impoluta la justicia, esa señora de la limpieza que mantiene una larga huelga.
Más de 40 días lleva el «Alakrana» subyugado, pero ¡qué es eso comparado con los inacabables seis meses que lleva Leire Pajín esperando que la hagan senadora de una maldita vez!
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