VICENTE GOTOR
RECTOR DE LA
UNIVERSIDAD DE OVIEDO
Desde el pasado verano muchos asturianos se han preguntado qué es exactamente un Campus de Excelencia Internacional y, sobre todo, cómo nos puede afectar a Asturias como comunidad, qué supondría para nuestros hijos y nietos. En las siguientes líneas mostraré su potencial de forma resumida.
La misión universitaria más conocida es, sin ninguna duda, la docente. Es generalmente aceptado que para cualquier región es fundamental disponer de instituciones que ofrezcan una formación de gran calidad. Pero, ¿qué significa exactamente la calidad de la formación en el mundo globalizado de hoy? Pues bien, sucintamente implica que en esta época que nos ha tocado vivir ninguna universidad que se precie podrá permitirse evitar su avance no sólo hacia la calidad de la oferta formativa y hacia la excelencia del producto educativo, sino también hacia la internacionalización de la institución.
Esta no es, sin embargo, ni la única ni siquiera la más importante de las misiones de la Universidad. Junto a la misión docente debemos reconocer el papel de la investigación. Adicionalmente, unida de forma estrecha a ella, no debe olvidarse tampoco el papel de la Universidad como emprendedora, lo que significa su más profunda implicación en el desarrollo socioeconómico, en las actividades de patentes y licencias, en la institucionalización de actividades spin-off (empresas de base tecnológica inspiradas en los resultados de científicos universitarios), en la colaboración con la empresa, por concretar sólo algunos aspectos. Es la ya antigua, si bien no desfasada, idea de que la Universidad tiene que estar abierta a la plena actualidad, sumergida en ella, de que la Academia debe constituir el motor del desarrollo socioeconómico de las regiones. Pues bien, de acuerdo con este planteamiento, el Campus de Excelencia Internacional surge en el marco de la denominada Estrategia Universidad 2015, una apuesta por un mayor compromiso del Sistema Universitario Español con los retos sociales y los cambios económicos de nuestra época.
Fortalecer la Universidad de Oviedo en el marco de dicho contexto impulsaría su reconocimiento internacional, lo cual conllevaría la atracción de no sólo los mejores estudiantes, sino también de excelentes investigadores y tecnólogos. A ello no debería renunciar ninguna Universidad moderna, si bien resulta especialmente interesante para una comunidad como Asturias. No es el momento de incidir en las dificultades de una economía que durante las últimas décadas ha padecido diversas reconversiones en los sectores sobre los que se asentaba su economía, una comunidad con un pobre gasto en I+D, especialmente en el sector empresarial, aunque con una Universidad fuerte en cuanto producción científica, pero que, sin embargo, ha encontrado obstáculos poderosos en sus intentos por transformar su riqueza en conocimiento, en tecnología útil para el sistema productivo. Sin embargo, dicha situación debe estar presente en cualquier plan cuyo objetivo principal sea impulsar el desarrollo de la región.
Pues bien, los objetivos fundamentales del plan que la Universidad de Oviedo presenta, en colaboración con aproximadamente 200 entidades de diferente naturaleza (básicamente empresas e instituciones) que han apoyado la propuesta, algunos procedentes del exterior de Asturias y de universidades francesas y alemanas que tienen el sello de campus de excelencia internacional, afrontan las dos cuestiones previamente planteadas sin olvidar el contexto específico actual del Principado de Asturias.
Por una parte, se trata de aumentar el prestigio y la consideración internacional de la Universidad de Oviedo, así como su posición entre las universidades españolas e incluso europeas. Para ello resulta imprescindible, entre otras metas, promover la internacionalización interna de la institución y mejorar su proyección exterior. El Campus de Excelencia propone la Escuela Internacional de Doctorado (EID), que se convertiría en una pieza clave para su desarrollo, integrada dentro del Centro Internacional de Posgrado (CIP). Este último centralizará la oferta de másteres y doctorados, coordinando las demandas de la sociedad con las posibilidades formativas de la Universidad de Oviedo. La EID potenciará la internacionalización y la formación de excelencia de los doctorados mediante la captación de investigadores y profesorado de reconocido prestigio internacional, la promoción de los Doctorados Erasmus Mundus, la integración de estudiantes de doctorado en las investigaciones en marcha de las entidades participantes en el proyecto y la puesta en marcha de itinerarios profesionales.
Desde otro punto de vista, se trata de conseguir que la investigación desarrollada en la Universidad de Oviedo sea reconocida internacionalmente, al tiempo que se produzca una significativa transferencia de conocimiento hacia las empresas. En ello radica el origen del papel de la Universidad de Oviedo como líder del cambio en el tejido productivo desde la que ha sido la industria tradicional contaminante hacia un nuevo modelo, lo que nuestro plan ha denominado «Ecosistema Asturiano del Conocimiento».
Precisamente en este marco ubica la Universidad de Oviedo otra de las pretensiones del planteamiento de Campus de Excelencia: la especialización. Dicha meta se ha concretado en dos clusters (grupos geográficamente densos de empresas e instituciones conexas, pertenecientes a un campo tecnológico concreto, unidas por rasgos comunes y complementarias entre sí) en campos en los cuales la Universidad de Oviedo es especialmente fuerte: a) Energía, Medio Ambiente y Cambio Climático y b) Biomedicina y Salud. En los clusters los investigadores se vincularán a través de las Agrupaciones Estratégicas de Grupos de Investigación, de carácter multidisciplinar, que aunando recursos y conocimientos dispersos son capaces de emprender proyectos ambiciosos y de interés social. Su capacidad para aportar valor al cluster facilitará la integración de todo tipo de participantes, incluidas empresas multinacionales con una reconocida imagen innovadora.
En el primero de los clusters la Universidad de Oviedo cuenta con grupos y equipos de investigación multidisciplinares, al tiempo que muestra una especialmente relevante vocación empresarial, sobre todo a través de la creación de Empresas Innovadoras de Base Tecnológica, elementos clave para fortalecer el nivel de transferencia tecnológica. Asimismo, instituciones de diferentes tipos han mostrado su adhesión a intereses vinculados al cluster: pymes y grandes empresas, organismos públicos de investigación del Principado de Asturias (incluidos institutos vinculados al CSIC), al igual que centros, parques e incubadoras tecnológicas. A él se han vinculado, igualmente, entes externos a la Comunidad, como el Centro de Supercomputación de Castilla y León y la Fundación Ciudad de la Energía.
Por su parte, el Cluster de Biomedicina y Salud reúne a investigadores de primera línea mundialmente reconocidos. En él se incluyen grupos de investigación sobre el cáncer, la medicina regenerativa, el empleo de células madre o el envejecimiento. Incluso un grupo de relevantes investigadores colabora en el Proyecto Genoma, propuesto por el Ministerio de Ciencia e Innovación al International Cancer Genome Consortium. Desde el exterior de la Universidad, a este cluster se han vinculado, además de toda la red hospitalaria pública y privada del Principado de Asturias, biobancos, laboratorios, grandes equipamientos y alojamientos para spin-offs.
Nuestro proyecto de Campus de Excelencia considera que la Universidad debe devolver a la sociedad lo mejor de la institución, siendo también un modelo de integración de personas con necesidades específicas, promoviendo la conciliación familiar y laboral, la igualdad de género, el voluntariado y la cooperación al desarrollo.
En su planteamiento el proyecto no olvida que los campus deben servir de vínculo entre Universidad y Ciudad, sin barreras arquitectónicas, con lugares de encuentro y de conexión, espacios alternativos polivalentes, capaces de potenciar actividades académicas, culturales y de ocio.
Todo ello porque, parafraseando a Joubert, «hemos recibido el mundo como una herencia y a ninguno de nosotros nos está permitido deteriorarlo, sino que, por el contrario, cada generación está obligada a dejarlo mejor a la posteridad».