JAVIER MORÁN
Renacen los intentos de recuperar el trazado ferroviario de la Plata, una ruta que Renfe cerró hace un cuarto de siglo. La última frustración al respecto se produjo el año pasado, cuando el estudio New Opera, amparado por la Unión Europea y destinado a definir corredores continentales para el transporte de mercancías, dejó fuera la antigua conexión de Andalucía con Asturias, a través de Extremadura y de Castilla y León.
La verdad es que presenciamos una época en la que cada región española intenta aproximarse un eje ferroviario de mercancías. Las más afortunadas están siendo casi todas las zonas geográficas del país, con la excepción de Asturias, cuya única ruta prevista y en obras es la conexión hacia Madrid mediante una línea que se denomina de altas prestaciones, es decir, en la que habrá que combinar el tráfico de pasajeros con el de mercancías, lo cual acarreará mermas para ambos tipos de transporte.
Incluso los vecinos pobres de la ruta de la Plata -Extremadura y Castilla y León-, aunque reclamen este trazado ferroviario, atienden con más interés a los trazados transversales que les atravesarán camino de Portugal. Si encima les cayera la recuperación de los raíles de la Plata, miel sobre hojuelas.
Sin embargo, el orden de prioridades en Asturias se halla totalmente bloqueado gracias al Gobierno del Principado. Que el PP salte ahora con la ruta ferroviaria de la Plata nos parece una cuestión decorativa.
Tras conseguir la conexión completa con Madrid, para la que aún faltan seis años, como mínimo, Asturias debería mirar hacia el Este y a su enlace con la frontera francesa del País Vasco, algo que correspondería al AVE del Cantábrico, absolutamente despreciado por el Gobierno regional. Pero para que ello pudiera ser una realidad dentro de una década, pongamos, los estudios deberían estar ya en ejecución, algo que Fomento ha eliminado de sus previsiones. Por tanto, vamos a entretenernos un rato con la ruta de la Plata.