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La convención

n El mensaje de Mariano Rajoy y la ausencia de Esperanza Aguirre y Francisco Camps

 
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ANTONIO CASADO Unidos, limpios y preparados para gobernar. Bien podría ser ése el lema resultante del sermón de Mariano Rajoy en la clausura de la convención del PP celebrada en Barcelona. Unidad, limpieza, vocación de Gobierno. Por ese orden. Aunque a la actual dirección del partido le hubiera gustado invertir los términos. Primero y ante todo, alternativa. Por desgracia para el PP, no pudo ser.

Las demandas de unidad interna y de buenas prácticas de los gobernantes en la vida pública pudieron más que las demandas de acción política para echar a los socialistas del poder. Al menos en el reflejo mediático del acontecimiento, inicialmente pensado para trasladar a la opinión pública que hay una alternativa a «la parálisis, la improvisación y la frivolidad» de un Gobierno socialista incapaz de resolver los problemas derivados de la crisis económica.

Dijo Rajoy en su discurso de clausura que para gobernar España la sociedad exige un partido de ámbito nacional «unido y limpio». Demandas dirigidas, evidentemente, a su propio partido, para que no se traicione esa doble exigencia, pues sería tanto como traicionar la confianza de los propios compañeros de partido, «a los que se hace mucho daño», añadió antes de formalizar un anuncio de oferta de pacto a los socialistas para luchar juntos contra la corrupción.

Cuando se reclama unidad y limpieza de los propios seguidores es porque se las echa de menos. Y en este punto no se puede quitar importancia a la ausencia de los dos principales destinatarios internos del mensaje. Esperanza Aguirre, que se postula como alternativa a la resignación, y Francisco Camps, cuyo nombre aparece cosido a la trama «Gürtel», fueron los únicos barones que se perdieron el discurso de Rajoy en el cierre de la convención del PP.

El uno prefirió las pruebas de la Fórmula 1 en Cheste (Valencia) y la otra alegó la enfermedad de un familiar. Pero, insisto, ya es casualidad que sólo encontrasen alguna excusa para no estar presentes en el discurso de Rajoy los dos únicos dirigentes que podían pincharlo en dos de sus tres principales componentes: la unidad interna y la lucha contra la corrupción.

El tercero de los rasgos centrales del sermón del líder, como ya queda dicho, era la vocación de gobernar, «ahora mismo», si hace falta, para despejar «la niebla de la desesperanza» que cunde entre los españoles por culpa de la crisis económica. Ahí queda la propuesta: preparados para situar al país «en la senda del crecimiento y la prosperidad» porque el PP es un partido «previsible y fiable», que no improvisa ni busca «soluciones milagreras» y apuesta por España como «nación de ciudadanos libres e iguales». Amén.

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