LUIS ALONSO-VEGA
Lo que son los hábitos, las costumbres! Siempre tenemos amigos con sus preferencias. Cuando les comento lo a gusto que me encuentro en tal establecimiento por grande que sea, algunos de esos contertulios me llevan la contraria y afirman lo cómodos que sí se encuentran en tal otro. Claro, los entiendo a la perfección, ellos están bien allá donde vayan y yo, en el mío por incómodo que resulte. Y es que ambos vamos a «tiro fijo», sabemos dónde está cada cosa. Pero ya no hay regla fija y verán por qué.
Si cualquiera de ustedes va a una gran superficie y pretende comprar una escoba común, no marea la perdiz, a paso marcial va de frente al pasillo correspondiente y da con «la estilográfica» sin dificultad alguna. Pero llegamos al porqué de antes: ¿y si por aquello de evolucionar o, mejor, revolucionar el establecimiento ponen patas arriba los productos, el pan lo pasan al fondo, las escobas al lado de la parafarmacia y los pañales de bebé donde antes estaban las mermeladas? Ajajá, lo tiene claro, amigo, ya que ese día tarda usted el doble de tiempo en comprar: se ha esfumado su hábito. Al volver a casa más cansado que de costumbre, lo que detona es una terrible embriaguez sin haber bebido una gota de alcohol. Y es que, lo dicho y referido, somos animales de costumbre. En esa pluralidad, a mí me pasa, «ídem de lienzo», lo que a ustedes, pero hoy se lo explico salvando distancias.
Durante más de cien años que tiene de vida la Sociedad de Festejos de Santiago de Sama de Langreo y más de la mitad elaborando el porfolio -que no «portfolio», como algunos se empeñan en seguir llevando la contraria a la Real Academia de la Lengua-, hasta hace dos años éste se editó en tamaño único y, quiero entender, muy manual como siempre lo vi. Sin embargo, cuando el año pasado entró en mi casa con otra estructura y nuevo crecimiento, la altura en la estantería se quedaba pequeña y tuve que pasarlo «a la de más abajo», con más cota. Pero no soy nadie para quejarme y hasta me pareció muy bien el cambiar lo hecho hasta ahora: «Hay que modernizarse», pensé yo. Mas cuando recibí el de este año y una vez visto y leído pretendí colocarlo al lado del pasado, ca, no podía, porque el de 2009 aún es más grandón, con lo cual tuve que pasarlo a un tercer estante.
Resumo y ustedes me entienden. No es crítica, para mí está perfectamente lo hecho por el ideólogo de turno, pero ¿saben una cosa en confianza?, que me está jodiendo eso de tener tanto libro descolocado. Si la cosa sigue así y yo duro unos años más, lo voy a tener crudo a la hora de buscar, peor encontrar, un antiguo porfolio de Santiago. ¡Con lo guapos que taben toos xuntos! Y es que uno, con esto de la vieyera en ciernes, se vuelve hasta insoportable. ¡Hay que tragame!