J. A. FDEZ.-CARABÍN Y GONZÁLEZ
ABOGADO
El presidente de la Fundación Emilio Barbón de Pola de Laviana, nos invita al acto que se celebrará hoy, al atardecer, en el Cidan, consistente en la presentación de un libro sobre las lámparas de mina, y exposición de modelos de ellas existentes. Además del presidente de la Fundación, autoridades y autores del libro, intervendrá en el acto don Luis Adaro de Jove, que preside la Sociedad Adaro Tecnología, con sede en Gijón. Podemos preguntarnos qué relación tiene los Adaro con las lámparas mineras, a lo que vamos a dar inmediata respuesta. Don Luis Adaro y Magro, insigne ingeniero de minas cuya efigie corona el monumento conocido con el nombre de «La Carbonera», nacido en Madrid, y no en Gijón, como con error manifiestan algunas de nuestras enciclopedias, en 1877, cuando tenía 27 años, se casó en Alicante con María de la Asunción Porcel, de la que tuvo siete hijos, uno de ellos conocido con el nombre de Luis. Luis Adaro Porcel, siguiendo las orientaciones paternas, tras estudiar de niño con los Agustinos en el Escorial se fue a Suiza y después a Alemania, y en la Escuela de Ingenieros de Altemburgo, durante tiempo considerable, efectuó labores prácticas, que continuó en Düsseldorf y otros centros industriales. Y equipado con un valioso bagaje técnico, retornó a España, a Gijón, poniéndose al frente de la empresa de la que su padre había sido fundador, denominada Adaro y Marín. Y he aquí el dato importante. En el año 1914, presentó la primera lámpara de mina fabricada en España, superadora de otras de fabricación extranjera. En nuestras cuencas mineras bien se conoce el valor inmenso de esas lámparas, indispensables para el trabajo minero, su iluminación y su seguridad, que acabaron con el uso de velas, candiles e hicieron pasar a la historia la penosa y tétrica figura del penitente, que, portador de una pértiga encendida, en explotaciones como la de Villanueva del Río, entraba en la mina para detectar la presencia del gas, cubierto de sacos empapados en agua para evitar, en caso de explosiones, las quemaduras. ¿Quién en nuestras cuencas mineras no conoce los mortíferos efectos del gas o grisú? Guardamos el diccionario minero astur, como joya bibliográfica cuyo autor fue el culto e ilustre minero César Rubín, editado en el año 1985 por el Instituto de Estudios Asturianos, quien nos afirma que la lámpara de seguridad en perfectas condiciones es estrella, guía y ángel protector del minero. Y que cuando la lámpara funciona en ambientes de grisú (CH4) lo detecta, al formarse sobre su llama una aureola de color azul pálido, consecuencia de producirse la combustión del gas en su interior. Sabido es en el ámbito minero que el grisú o gas de los pantanos, es incoloro, combustible y altamente peligroso, y tiene olor a manzana madura: que es producido por carbonización de restos vegetales, y que las explosiones que causa se deben, principalmente, al no uso de lámpara de seguridad, al empleo de algunas lámparas de llama abierta, al uso de cerillas o encendedores, etcétera. Entre tales lámparas, viene ocupando en Asturias la primacía, por su valor como fuente de iluminación de las labores mineras y muy especialmente, por su seguridad en la detección del grisú, la denominada sistema Adaro, provista de coraza protectora para su red o tamiz. Siendo la familia Adaro, como dijimos, adelantada en ofrecer la primera lámpara minera con garantía de seguridad, cualidad que se viene reafirmándose desde el año 1914 hasta el presente, no es extraño que a modo de homenaje, les dediquemos a los actuales representantes de esa familia que tantos beneficios viene prestando a la industria y la minería de Asturias, en la persona de don Luis Adaro y Jove, primogénito del inolvidable don Luis Adaro Ruiz Falcó y bisnieto de don Luis Adaro y Magro, nuestra cordial acogida y nuestra gratitud. ¡Cuánto deben Asturias y particularmente las cuencas mineras a la saga de los Adaro!