CARLOS SANTULLANO
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua, que no es recomendable consultar como si fuera la Biblia del idioma, porque es perfectible y cambiante, incluye el término musical «impostar» de un modo cuando menos poco preciso: «Fijar la voz en las cuerdas vocales para emitir el sonido en su plenitud sin vacilación ni temblor». Tararí que te vi. Eso lo hago yo hasta tomando sidra y sin impostar la voz. Simplemente, echándola a pacer. Es decir, que, sintiéndolo mucho, la RAE se columpia. Impostar la voz es hacer vibrar las cuerdas vocales y, con el apoyo del aire producido por medio de un mecanismo respiratorio complejo, pero natural, dirigir la voz (que es aliento sonoro) hacia los resonadores del cuerpo («colocándola en la máscara», se suele decir en técnica vocal) para, desde ahí, emitir un sonido amplificado que, sin necesidad de artificio, llegue lo más lejos posible. Es decir, que la impostación de la voz es justo lo contrario de una impostura. Pero, curiosamente, según la RAE, algo impostado/a significa: «Artificial, falto de naturalidad, fingido». En fin, que la Academia se hace la picha un lío y confunde (al menos, en el caso de la voz, que también tiene «canto» la cosa) impostura e impostación. Seguramente porque, aunque lo suyo son las voces (del idioma), ignora en cambio lo relativo a la voz humana.
¿Y cómo es posible que el sanedrín de la lengua defina con tanta cazurrería el proceso por medio del cual se produce el sonido vocal en su más elaborada y fina expresión (el canto lírico, pero también la declamación), que, en esencia, es el mismo proceso que usa un recién nacido (o sea: una técnica natural y no impostada)?
Pues ni idea, pero así son las cosas. De modo que no sé tampoco cómo averiguar algo que me tiene sin vivir en mí desde hace días y que es lo siguiente: la voz de Aznar, que cuando le da por hablar no se queda en las primeras filas, sino que se proyecta y llega hasta la última localidad del teatro, ¿es una voz impostada o... pura impostura?
No sabría qué decir, la verdad. Ahora bien, lo que no haría es pedirle a un académico de la Lengua que me lo aclare. Y menos aún, por supuesto, se lo pediría a Rajoy o a Cospedal, las dos voces solistas del coro popular, que, cuando a la todavía «prima donna» del PP le da por llevar la voz cantante, se ponen de los nervios. Y si pudieran, seguramente, lo sacarían a rastras del escenario.