JAVIER MORÁN
Las más recientes crónicas científicas nos cuentan que la hipnosis no consiste en un hecho fantasioso entre el hipnotizador y el hipnotizado, sino en un fenómeno real que abre en el cerebro un estado que va más allá de la relajación o de eso tan oriental de poner la mente en blanco y sumergirse en la nada. Metido en el vaciamiento de su pensamiento, un buen budista es capaz de observar una habichuela y contemplar en ella toda la grandeza e interrelación del Universo. La iluminación, para entendernos.
Pero la hipnosis científica que ahora se está comprobando parece otra cosa. Aquel Uri Geller que destrozaba cuberterías y detenía relojes hipnotizó una vez a Michael Jackson y le sonsacó que nunca había abusado de menores. La noticia hubiera sido la contraria.
Pues bien, la hipnosis fetén es aquella que prepara el cerebro -con una incidencia física, verificable- para que responda de manera más efectiva a las sugerencias. Por ejemplo, despojarse del insomnio. O alejar manías y pensamientos destructivos. O dejar de fumar.
O comprar piso en Gijón.
En esta última sugerencia trabaja intensamente la Confederación Asturiana de la Construcción (CAC), cuyo mensaje hipnótico dirigido con insistencia y tenacidad al pueblo llano es que el presente siempre es el momento idóneo para comprar vivienda. Nada de añorar el tiempo pasado, ni esperar al futuro. «Ahora, ahora, ahora...». Así, dicho con un susurro, como cuando Geller sacó el reloj con leontina y le dijo a Jacko: «Contaré hasta tres y sentirás un sueño profundo».
También quiere sumergirnos el Ayuntamiento de Gijón en cierto estado hipnótico. A saber, que entre la ciudad en un trance mental y aleje de sí la idea negativa de que la anulación judicial del PGOU está ralentizando -aún más que la propia crisis- el sector inmobiliario.
Pero lo que ni Uri Geller, ni la CAC ni la municipalidad gijonesa han conseguido todavía es hipnotizar a los bancarios para que abandonen esa manía de amarrar tanto la pasta.