POLICARPO FANDOS PÉREZ
ECONOMISTA Y PSICÓLOGO, AUTOR DE «UN CONSEJO: ENVÍE LA EMPRESA AL PSICÓLOGO»
Una de las peores situaciones que nos tocan vivir en estos tiempos de crisis es la incertidumbre, que se pone especialmente de manifiesto en estos colectivos:
l Los que se quedan sin trabajo, porque no ven claro su futuro.
l Los que aún lo conservan, porque piensan que pueden ser los próximos en incorporarse a la lista del paro.
No todo el mundo reacciona igual ante la misma situación, y yo sigo insistiendo en la necesidad de adoptar una postura positiva, a pesar de los inconvenientes de todo tipo.
Anticipar el desastre o vivir instalados en él nos conduce a la depresión o a protagonizar cuadros ansiosos, y de una forma inevitable. Conclusión: es peor el remedio (si es que lo podemos llamar así) que la enfermedad.
Vivir de espaldas a una realidad que nos puede superar tampoco es una postura inteligente, ni recomendable; quiero decir que hay que aceptar la realidad tal cual, lo que no significa que tenga que estar de acuerdo con ella.
Pensar que somos inmunes a la enfermedad, a los accidentes de tráfico o a cualquier catástrofe, también en el ámbito laboral, nos impulsa a olvidar elementales criterios de prudencia. Creer que nos va a «tocar» inevitablemente cualquiera de estas situaciones (supondría preocuparnos en exceso) es muy dañino y además estéril.
Así pues, parece que lo más oportuno en una situación de paro real o previsible es adoptar una posición realista, pero desde una actitud positiva, que no descarte -ni mucho menos- «salidas» adecuadas e incluso mejores que las preexistentes.
Frente al paro hay que impulsar una reacción valiente y cargada de significado: movilidad. No podemos, no debemos, quedarnos quietos, esperando que el mal tiempo escampe.
Una de las actitudes que diferencian a los optimistas de los pesimistas se basa en algo tan simple, pero a la vez tan efectivo, como intentar transformar en una oportunidad lo que es o puede ser un problema; como mínimo, nos garantizamos una cierta estabilidad emocional.
A partir de ahí caben algunas actuaciones que nos ayudarán no sólo a sobrellevar la situación crítica que vivimos, sino a salir en mejores condiciones de la misma:
l Debemos preguntarnos: ¿qué queremos realmente?, ¿qué podemos hacer para conseguirlo?, ¿qué demanda el mercado y dónde?, y después de la respuesta hay que ponerse manos a la obra.
l Buscar el apoyo social: en la familia, entre los amigos; hay que contar lo que nos ocurre a todos aquellos que nos conocen y aprecian. Nunca se sabe dónde puede surgir una oportunidad.
l Utilizar la agenda, aunque sea virtual, y llenarla de contenido:
- Fijar objetivos a corto.
- Incluir citas, compromisos y gestiones diarias (las que sean).
l Practicar algún tipo de ejercicio físico.
l Aprovechar el tiempo disponible para ampliar la formación, en cualquier área. No descuidar la lectura.
l Explotar los «puntos fuertes» y pensar en «positivo». Ésta es una etapa transitoria; muchos se quedarán anclados en la desesperación y no progresarán en ningún sentido y otros (los que no se resignan) van a salir reforzados.
«Si cierras la puerta a todos los errores, dejarás fuera la verdad» (R. Tagore)
«Una larga caminata comienza con un primer paso» (proverbio hindú).