LADISLAO DE ARRIBA
Con el ocaso de los Austria, el imperio español se fue al carajo en beneficio de piratas, bucaneros, corsarios y filibusteros. La mar océana se nos daba muy mal. Creo que desde la batalla de Lepanto hasta el desembarco de Alhucemas en que corrimos a gorrazos a la morería nada naval nos ha favorecido. Esto del Índico puede que haya sido una chapuza, como la del «Prestige» y aquella tragicomedia del islote Perejil al estilo de las paródicas guerras de Miguel Gila.
Los piratas somalíes en seguida van a encontrar su penitencia pues parece que una considerable pasta de los cuatro millones de dólares lo han empleado en casarse. Ignoro por qué rito, pero sea el que fuera no les arriendo la ganancia.
Los piratas de ahora parecen ser al estilo de aquellos que interpretaba Errol Flyn según guiones de Rafael Savatini que terminaban en boda con Olivia de Havilland.
En los tiempos en que, en la Costa de los Mosquitos y en Isla Tortuga, era Henry Morgan el mandamés, los secuestros terminaban en orgías de ron y marihuana, pero nunca en casamientos.
A mí me parece que ya no se ufanan de aquel pabellón de la calavera con dos tibias cruzadas.
Como los atuneros tampoco llevan la bandera que deben de llevar y lucen la ikurriña. ¿Acaso los pesqueros asturianos lucen la bandera azul con la Cruz de los Ángeles?
¿Sí o no?