JAVIER NEIRA
Llega fray Jesús -vamos, don Jesús Sanz Montes- a la archidiócesis de Oviedo con ecos -sea por su apellido o por su condición de eclesiástico regular- de los mejores prelados asturianos que formaron la edad de oro de esta Iglesia. Un poco de historia nunca sobra.
Benito Sanz y Forés, obispo de Oviedo desde 1868 hasta 1881, proyectó la basílica de Covadonga con, ay, Roberto Frassinelli, y llegó a cardenal. Al poco se hizo cargo de la diócesis fray Ramón Martínez Vigil, dominico -o sea, regular-, nacido en Tiñana y muerto en Somió, con formación y acción en las Filipinas -de Tiñana a Somió pasando por Manila, que dirían Masip y Laso-, constructor de la basílica de Covadonga y tío de Maximiliano Arboleya, deán de la catedral de Oviedo y periodista -a ver cuándo la Asociación de la Prensa de Oviedo lo hace presidente de honor-, figura clave del pensamiento social católico español en el siglo XX. Martínez Vigil era íntimo amigo de fray Melchor -otro dominico-, el primer santo asturiano, lo que da idea de la escasa piedad de esta tierra. Una curiosidad, fray Ramón fue titular de Santa María sopra Minerva, la soberbia iglesia romana de nombre tan pagano.
Ítem más, por entonces brillaba como nadie fray Zeferino, de Villoria, dominico -y van tres: después, con el padre Suárez, se completaría el cuarteto de gigantes «astur-dominicanes» o, si se quiere, perros de Dios-, el filósofo español más destacado de la segunda mitad del siglo XIX.
Y ya que fray Jesús Sanz es franciscano -y sospecho que simpatizante de Jiménez Losantos: ¡bienvenido al club!-, no sobra decir que San Francisco pasó por Oviedo, fundó un convento donde ahora está el edificio de la Junta General, y la huerta ahí sigue, conocida como el Campo.
Se me olvidaba: cómo se parece el nuevo arzobispo a la imagen del San Salvador de la Catedral. Buena señal.
(Para la terapia de esta semana se recomienda vivamente la ópera «San Francisco de Asís», de Messiaen).