LUIS M. ALONSO
Los agricultores le han preguntado, durante una monumental cencerrada, a Zapatero qué es lo que le pueden echar mañana al puchero. Piden precios más justos para no seguir siendo los parias de la tierra. El campo hace tiempo que en España se ha quedado sin futuro; para darse cuenta de ello sólo hay que darse una vuelta por ahí y comprobar lo que son los campesinos franceses comparados con los nuestros. O incluso los italianos que no se tuestan al sol desesperado del Mezzogiorno.
El campo ha pasado a ser para los urbanitas el lugar del fin de semana donde los pollos pasean crudos. El resto de los días viene padeciendo el despoblamiento y la falta de atención que le presta la Europa de los mercaderes. Europa no sabe siquiera adónde va, y en ella a nadie le importa los cuatro jubiletas españoles que esperan los sábados y los domingos a los hijos de la ciudad, para comerse unas gachas o un potaje casero, cuyos ingredientes compran ya en el supermercado porque la tierra ha dejado de ser productiva y no hay edad para cultivarla. Algunos de esos ancianos, cansados de resistir, se han ido a un piso de Madrid para tener más supermercados a mano y una vida más fácil. Al campo, que le den morcilla.
Bueno, pues en medio de este drama contemporáneo, ¿qué es lo que ha hecho Zapatero? El Presidente se fue con los suyos al Palacio de Congresos del Ferial Juan Carlos I a explicar lo que es sostenible y lo que no, y a perderse en conceptos vagos sobre la crisis, que, según él, ya es algo de coser y cantar. Palabras huecas como siempre y sonrisas estúpidas como nunca, alfombras rojas, veteranía, juventud, modelitos informales en un acto al más puro estilo americano. Estados Unidos ha regresado con Obama al corazón de la familia socialista. Obligado por la cencerrada, Zapatero aseguró que la agricultura será una de las prioridades durante la Presidencia española en la UE, pero los campesinos no es seguro que le crean después de tantas mentiras.