JAVIER NEIRA
La receta para una buena función de ópera la vimos en acción el pasado domingo en el teatro Campoamor de Oviedo.
1) Una buena ópera. Ciertamente, Mozart sólo hubo uno en la historia de la humanidad, pero sin necesidad de llegar al diez con matrícula del genio de Salzburgo existen unos cuantos compositores y títulos de primerísima.
2) Buenos cantantes.
3) Una escena inexistente o, para no ser radical, de grado cero o, si se quiere, minimalista, con dos o tres momentos acertadísimos, y el resto, sin molestar, que de eso se trata.
¿Cómo se puede mejorar la fórmula? Si se opta por Mozart o por Puccini o por Strauss es imposible. Es más, no tiene ningún sentido intentar mejorar lo excelente en grado sumo.
En cuanto a los cantantes, siempre cabe contratar a un elenco mejor, pero hay que pagarlo, claro.
En fin, la escena ofrece el óptimo: cuanto menos, mejor y más barata.
La fórmula del éxito está ahí. El público aplaudió a rabiar, y eso que aún hay un reducto de... bueno, prefiero no entrar en detalles, gente que cuando se dice ópera y Mozart miran para otro lado. Que Dios los perdone.
Las cuentas supongo que salen y si no, pues se rebaja un poco el coste de los cantantes, y en paz, que no somos millonarios, que Oviedo es una ciudad modesta, y a mucha honra -y superdiscriminada por las administraciones socialistas: ¿por qué calla la directiva de la Asociación de la Ópera?-, así que, se hace lo que se puede.
Si hay afición, como la hay a raudales en Oviedo, y quien dice Oviedo anota Gijón, Avilés, Mieres y tal y tal y tal -es todo y uno lo mismo, mal que les pese a los social-cantonalistas que detestan a la capital-; si hay tradición, así que se saben hacer las cosas, y si se acierta con la fórmula -lo dicho: un buen título, cantantes lo mejor que se pueda y escena que no estorbe, o sea, barata y funcional-, el éxito, el disfrute, la fiesta y la alegría de vivir están aseguradas.