LUIS ALONSO-VEGA
Las mujeres siempre tienen una solución a mano para llevar a cabo un regalo, una atención, a un recién nacido. Tienen buen ojo y siempre va a parar a sus manos cosas tan prácticas como un pijama «que es una monada», una hermosa y floreada batita de baño «que es un auténtico cromo» y, así, diez mil productos a su alrededor y vista que, en general, a los paisanos nos puede volver locos para llevar a cabo la perfecta solución, ya no digo con el niño, sino con su madre. Ven, un arreglo entre mujeres. Entonces, ¿qué pasa al final en la casa del recién nacido? ¡Qué tontería!, lo que pasa en todas. Veamos.
Siguiendo con el género femenino a la hora de solucionar eso tan «mono» y a veces menos práctico realmente, el nene puede encontrarse con tres albornoces, que ojalá sean de diferente talla, media docena de pijamas, de esos que tienen abundante tamaño en el culete y pueda ponérsele el «dodotis» tipo «goliat» y así aguantar toda la noche la absorción de sus abundantes meadas, o una docena de frascos de colonia a juego con polvos de talco de la misma marca. Alguna de esas cosas tiene aplicación, pero otras? Por ejemplo, los pijamas han de sobrar con seguridad, en la esquina de un armario y cuando el bebé ya tenga veinte años, su mamá lo sacará, lo estirará con mucho cariño y candor, y dirá: «Mira, te lo regaló Piluca cuando naciste», y sus ojos se entornarán de ternura. ¡Coño, volvamos al regalo!
Verán, ahora definitivamente, cuando no es mi mujer la que tiene que comprar tan repetido obsequio y es un servidor de ustedes, como antes les decía, la cosa me resulta pero muchísimo más complicada. ¿Por qué? Porque al ser mío el detalle, quiero que sea personal y no «elaborado» por ella. Y, entonces, me meto en los mismos sitios que frecuentemente rebusca, pero, al ser más torpe, nunca encuentro lo deseado y siempre termino en manos de la empleada de turno y yo fiándome de su gusto y no del mío. Entonces, ¿qué vengo haciendo últimamente? Van a sorprenderse, pero desde hace dos años lo soluciono a mi aire y manera. Y acabo. De verdad.
Ahora recalo siempre en la misma sección y allí compro? ¿que qué compro? Ni se les ocurra sonreír: un búho. Son búhos de un fino cristal austriaco, cuya fábrica es bien conocida en todo el mundo. La gente dice que tal ave rapaz da buena suerte y que por eso se tiene en bastantes casas. Pues no, señor, se han equivocado del todo. Esa ave con plumas rojizas y negras, pico corvo, ojos grandes y orejas puntiagudas ya en la mitología griega era señal de ¡sabiduría!, que es lo único que deseo al recién nacido. En una esquina de su habitación, donde espacio no ocupa y polvo apenas coge, quizá cuando ese chico tenga veinte años entienda ese diminuto detalle de alguien que le regaló con los mejores deseos. Yo ahora me pongo tierno y pienso: ¿se acordará de mí? ¡Qué se yo! Pero a mí me gusta.