JAVIER NEIRA
Era obvio para los ilustrados, y ahora incluso para los que se niegan a ver, oír y hablar, como los tres monos del mito clásico: el cambio climático, señores, es pura estafa.
Lo digo porque se acaba de publicar una exhaustiva investigación en la que aparecen comunicaciones privadas, correos electrónicos, datos concretos y elementos de juicio rotundos emitidos por los popes del mantra climático en los que aparecen formando parte de una conspiración gigantesca: alteraron registros científicos, ocultaron series que arruinaban su teoría, presionaron a universidades y laboratorios para que marginasen a los investigadores que se oponían a sus cuentos y chantajearon a los poderes públicos para que les siguiesen en su aventura tramposa y nadie levantase la voz.
Como, insisto, saben perfectamente las personas ilustradas -vamos, quienes tienen información y no pertenecen a secta alguna-, ese proceder es exactamente el mismo que el practicado por Marx, clave en el desarrollo del socialismo hasta su naufragio. Y es que Marx falsificó las series de datos económicos para que encajase su teoría. Vamos, que el socialismo, autotitulado científico, fue una estafa en origen, cursó como tragedia y acabó en comedia.
El socialismo partía de una contradicción entre trabajo y capital -entre burguesía y proletariado-, pero se vio sin duda alguna que a más capital, mejor viven los obreros.
Por eso hace dos décadas fundaron una alternativa, el climatismo, que parte de una contradicción entre el planeta tierra y el capital, pero se acaba de descubrir con pruebas materiales evidentes que se falsificaron las series de datos sobre temperaturas y otros mil parámetros para que apareciese el capitalismo como agresor sin remedio de la naturaleza y, por eso, como agente de la muerte de la humanidad.
Pues no, el socialismo era una estafa, y el capitalismo, la solución. Y ahora el climatismo es pura mentira, y el capitalismo, una vez más, la salvación.