JAVIER MORÁN
Ha recibido ya el Ayuntamiento el premio a la transparencia que otorga una entidad que, nos tememos, evalúa los aspectos más aparentes y deja de lado los más espinosos y profundos. Es decir, que premia hechos tan elementales como que un Consistorio tenga una bonita página en internet o que muestre en ella los presupuestos municipales y las ofertas de contratación. Al recoger el galardón, la alcaldesa Paz Fernández Felgueroso aseguró que «las paredes y los techos de los ayuntamientos han de ser de cristal», una hermosa metáfora de lirismo contradictorio con los muros de hormigón que nuestro Ayuntamiento mantiene con intensidad numantina.
Vamos a poner tres ejemplos, sólo tres, de la soberana transparencia municipal.
Uno. Todavía no hemos logrado que la municipalidad ponga en su página de internet todas las sentencias que le afectan -favorables y adversas-, como si dichos fallos judiciales fueran cosa privada ente los mandatarios municipales y los pleiteantes, que somos nosotros mismos y nuestros vecinos. Mucho aprenderíamos de todo ello.
Dos. Todavía no hemos conseguido que nuestros representantes en el consejo de administración de la Autoridad Portuaria -la alcaldesa y un concejal- informen al Pleno del Ayuntamiento de lo que allí se ha cocido con esto de la ampliación y su desfase presupuestario, como si esos representantes lo fueran a título privado y no en nombre de una ciudad (evidentemente, utilizan subterfugios legales para eludir toda comparecencia).
Tres. Todavía no hemos podido evitar que el Ayuntamiento se escude en la legislación de las sociedades anónimas para meter en la oscuridad actividades netamente públicas, como si, por ejemplo, la Empresa Municipal de Aguas (EMA) fuera una empresa privada (también se escudan para ello en sacrosantos resortes legales).
Ésta es la verdadera transparencia del Ayuntamiento; no ya la transparencia de un vidrio rayado, sino la transparencia de un muro de hormigón. Vengan luego premios extraterrestres.