ALEJANDRO ORTEA
Reluce en fachada e interior la flamante basílica menor del Sagrado Corazón de Jesús, aquí en el pueblo, y hasta las autoridades civiles giraron visita el día anterior al de la catolicísima misa oficial de reapertura, acontecimiento bien cantado y ya contado. Eventos magnos que se perdió mi vecino de al lado -que es quien mejor me cuenta estas cosas del frufrú de sotanas y demás ornamentos- porque andaba por el alto Pirineo aragonés de viaje profesional.
Estos días hay mucho revuelo entre la grey católica porque, tras meses de espera, la jefatura del estado vaticano tuvo a bien anunciar el nombre de su nuevo pastor. El promovido, Jesús Sanz Montes, es un fraile franciscano que últimamente venía siendo titular nada más y nada menos que de dos diócesis -bien que pequeñitas-, la de Huesca y la de Jaca: puede ser obispo titular hasta 2030, año en el que cumplirá los 75 años de edad. De él se destaca que es el actual arzobispo más joven de España y que durará poco en la Corrada vetustiana porque está llamado a más altos designios. Bueno, también Díaz Merchán fue, de la que le nombraron, el arzobispo más joven de Europa y entre nosotros se jubiló, tras seis lustros de pontificado, nunca se sabe.
El ruido viene dado porque fray Jesús viene precedido de fama como mandón y muy de acuerdo con el régimen actual de los vientos vaticanos, es decir, más bien conservadores y neotridentinos, lo cual pone en estado de alerta, y de algo más, a la mayoría del clero asturiano, del que se dice es más proclive a los aires taranconianos -y por ende roncallianos y montinianos- que comenzaron a soplar cuando el Vaticano II. Por eso, en círculos doctrinales ultraconservadores de la católica España, al clero asturiano se le tacha, cuando menos, de rebelde o levantisco y se hacen lenguas de lo solo que dejaron al anterior ordinario, tanto que, en cuanto pudo, voló a mejor destino donde se le comprendiera -y obedeciera- mejor. Y allí le tenemos, en la dulce Valencia.
Nuevos vientos de los que han demostrado estar al tanto las primeras autoridades locales y regionales: en la visita girada el pasado sábado a la reluciente Iglesiona ofrecieron su colaboración para que los jesuitas devolvieran el sagrario de plata que antiguamente lucía en el presbiterio basilical y que trasladaron a Burgos, a diferencia de la grieta, en 1998. El inconveniente para los supuestos levantiscos es su media de edad: pasaba de los 60 años, cuando llegó Osoro, como bien le recordó Fernando Fueyo al darle allá por febrero de 2002 la bienvenida a Gijón. Por eso resaltamos que hay obispo para rato de la nueva, pero tan vieja cuerda -y si promueven a éste, otro llegará-, que los «old shepherds», los viejos pastores que forman el clero asturiano, tendrán trágala hasta que se retiren. Es lo que toca. A ver si se las arreglan para aburrir a éste como hicieron con el anterior.