JAVIER NEIRA
A menos de cien horas del derbi Barça-Madrid nada tiene sentido fuera de esa aguda bipolarización. Estamos viviendo jornadas trepidantes, la verdad sobre el «Alakrana» da para cuatro o cinco dimisiones en pleno del Gobierno, pero, como algunos gatos, parece tener siete vidas. Y qué decir de Sitel. Cuando, en pleno ferragosto, Dolores de Cospedal empezó a tirar de la manta recibió un «tsunami» de críticas: sí, había tocado un punto supersensible y es que la saga Gürtel con que los socialistas han puesto contra las cuerdas al PP amenaza quedar en nada y, de rebote, ZP se puede encontrar en una situación insostenible, salvo que luzca de nuevo sus mañas felinas. Es un experto, llegó a la Moncloa en el alambre y ahí sigue sin que nada parezca afectarle.
A mi juicio, salvo que el Tribunal Constitucional se explique antes del fin de semana, el partido del domingo lo va a ganar el Madrid de calle.
Quiero decir que si el TC acepta en lo fundamental el Estatut -que, no se olvide, pergeñó, impulsó y santificó ZP y sólo ZP: por algo es del Barça que preside el independentista Laporta- el universo catalán experimentaría tal euforia que arrastraría a los jugadores a un frenesí traducible en media docena de goles por lo menos.
En caso contrario, la ira sería tal que los atletas blaugranas, cual diablos agitativos, resultarían invencibles.
Ojo, a la mayoría de los catalanes les importa entre muy poco y un pito el Estatut. Según encuestas realizadas por la mismísima Generalidad inmediatamente antes de iniciarse el proceso -¿constituyente?-, apenas a un cuatro por ciento de quienes habitan al este del Segre le interesaba, y ya se vio cuál fue el resultado del referéndum. Pero vivimos en sociedades -sobre todo, las propias de las comunidades nacionalistas- donde suena el silbato de los que mandan y todo el mundo se pone a marcar el paso.
Salvo intervención del TC, el Madrid ganará porque en este derbi primará la razón sobre la emoción. O, si se quiere, porque es mejor.