MARÍA ANTONIA FERNÁNDEZ FELGUEROSO
PROCURADORA GENERAL DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS
El 20 de noviembre se cumplieron 20 años desde que fuera aprobada la Convención de los Derechos del Niño. La Institución de la Procuradora General del Principado no puede dejar pasar esta fecha sin reflexionar. Se trata de un texto clave, lleno de grandes ideas, de excelentes propósitos y de una voluntad indudable de atajar los principales males que sufren los menores de 18 años. Si uno exprime este documento queda con la idea clara de que los menores son los mejores. Ahí se les coloca: en la prioridad de procurar los grandes derechos para los, en teoría, pequeños ciudadanos. Sin embargo, hay mucho que reflexionar.
Está escrito que «Los niños han de tener mucha tolerancia con los adultos». La frase de Antoine de Saint-Exupery, autor de «El Principito», nos sobrecoge. Y lo hace porque es tan demoledora como cierta cuando vemos cómo los adultos entendemos y atendemos cada vez menos a los niños. Nuestros discursos hablan de su inocencia, de su espontaneidad, de que son el futuro, de que de ellos es el destino del mundo, de lo mucho que hay que ocuparse de la infancia... Los niños y las niñas padecen deficiencias educativas, alimentarias, sanitarias... Son el arma de chantaje en las separaciones matrimoniales, o quedan arrumbados ante el televisor o los juguetes de última generación cuando en sus hogares ha desaparecido el diálogo, la intención de educar y la capacidad para hacerlo.
La frase de Saint-Exupery nos devuelve a la realidad: hay millones de niños en el mundo que siguen haciendo grandes ejercicios de paciencia con nosotros, los adultos, esperando que nuestras grandes declaraciones lleguen a tiempo de conseguir que su vida sea mejor desde el principio. Por desgracia, miles de ellos mueren cada día sin llegar a ver cumplido compromiso alguno.
Los 20 años de la Convención de los Derechos del Niño son un punto de reflexión para esta institución. Tal vez alguien caiga en la tentación de pensar que desde nuestra oficina sólo se atienden los «grandes asuntos» o, dicho de otra forma, «los asuntos de los grandes», de los adultos. No es así. Mucho de nuestro trabajo tiene a los menores como objetivo. Hemos firmado convenios con organizaciones como Cruz Roja, Fundación Siloé o UNICEF, todas ellas instituciones que protegen a niños, adolescentes y jóvenes, algunos de ellos con graves carencias. Entre los materiales editados por nuestra oficina hay varios dirigidos a los más jóvenes: guías didácticas para alumnos y profesores en las que los niños pueden aprender a defender sus derechos, a saber cuándo hay «abusones» que tratan de pisotearlos. El «Defensobus» ha dedicado también parte de su actividad a divulgar los derechos de los menores, lo mismo que algunos juegos asociados a nuestros stands en diferentes eventos. Trabajamos en la prevención, la educación y también la denuncia de situaciones que afectan a menores. Este verano tuvimos la suerte de recibir en nuestra sede, en nuestra Casa de los Derechos, a un grupo de familias asturianas que acogen niños saharauis. Un lujo para nuestra sociedad cada vez menos receptiva al verbo compartir.
¿Es suficiente lo que hacemos? Es un punto de partida, pero siempre se puede hacer más. Nuestro compromiso renovado en este 20.º aniversario de la Convención de los Derechos del Niño es trabajar para que su contenido sea cada vez más real y para que los niños no tengan que hacer ejercicios de tolerancia y paciencia para soportar las incongruencias de los adultos. Queremos que sea cierto que nuestros menores son nuestros mejores ciudadanos, nuestro futuro, y que, como se recoge en el preámbulo de la Convención, tienen derecho a ser educados «en un espíritu de paz, dignidad, tolerancia, libertad, igualdad y solidaridad».
Ojalá lo consigamos con nuestro esfuerzo y el apoyo de toda la sociedad.