EUGENIO
SUÁREZ
No tendremos el Niemeyer, pero ya disfrutamos de la ORA, con lo que la progresía de Avilés sigue su curso hacia la perfección democrática. Nadie puede dudar de que el aparcamiento del automóvil en la Villa del Adelantado era un problema creciente. En las aglomeraciones urbanas, aparentemente reducidas, el uso del coche es más necesario que en las grandes ciudades que ofrecen servicios opcionales. He vivido casi toda mi existencia en Madrid y puedo certificar que allí se han ensayado todos los medios para hacer la vida inaguantable al ciudadano, aunque, al tiempo, se liberaban fórmulas alternativas. Lástima que quitaran los tranvías, fue una estupidez para fomentar la venta de los «Seiscientos», pero la red del metro es casi perfecta y los autobuses, con la servidumbre de los atascos imprevisibles, cubren la capital y las ciudades satélite.
La ORA siempre es mal recibida, por su carácter recaudatorio. Es, en términos de ciudadanía sostenida (ahora todo debe ir con el estúpido complemento de la sostenibilidad), una soterrada ofensa al buen criterio del prójimo. «Dado que no eres capaz de observar unas reglas de convivencia genéricas, te las imponemos, con la mano puesta sobre tu cartera». Me asombra que ninguna formación política minoritaria no haya reclamado aún el ferrocarril metropolitano subterráneo para Avilés, Piedras Blancas o Salinas con, por lo menos, dos estaciones.
Avilés, villa peatonal y congelada. La gente que quiera circular por ella, que lo haga a pie, y los viejos, tullidos o cojos, queden en sus casas, que es donde se está mejor. Ahí está la solución y para las personas válidas, encerrar el coche en el garaje o, mejor, venderlo o quemarlo, para reducir gastos.
Estamos en crisis y otro impuesto cae sobre los automovilistas. En vísperas navideñas más dificultades agobian a los comerciantes, que lo tienen crudo con la clientela ausente. La parte positiva es que se crearán unas docenas de puestos de trabajo, como inspectores de la ORA, para comprobar que el miserable y prevaricador ciudadano intenta transgredir impunemente las disposiciones municipales. Pequeño respiro para las arcas consistoriales, que ya no saben de dónde sacar para tanta nómina y tanto compañero en el paro. Y tú, ¿de qué te ríes, imbécil?
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