JAVIER MORÁN
Han comenzado a chocar las partículas atómicas en el Gran Colisionador de Hadrones de Ginebra y el mundo no se ha acabado. Maldita sea. Habrá que esperar al 21 de diciembre de 2012, fecha prevista por un calendario maya para que esto se termine, pues se ve que las brutales energías que se ventilan en el laboratorio ginebrino no producen suficiente antimateria como para tragárselo todo.
Ya que no podemos abordar los finales trágicos, hablemos de comienzos dramáticos. Se inicia la obra de la estación ferroviaria provisional de Gijón, ésa que, pese a su nombre, nos va a durar una década porque es ya una auténtica vergüenza el trato que le está dando el Ministerio de Fomento a la obra del metrotrén. De hecho, sólo hay realizado de ese proyecto el túnel de Álvarez-Cascos, de modo que siguen dándole argumentos al ex ministro para que, si retorna a la política, ponga a caer de un burro al Ayuntamiento de Felgueroso y al Principado de Areces.
La verdad es que nos da lo mismo que lo diga Cascos, o Agamenón, o su porquero; el caso es que lo acaecido en Gijón, ese parón absoluto del metrotrén, rebasa todo lo tolerable y sólo se explica gracias al servilismo y a la docilidad partidaria de Felgueroso con respecto a los mandatarios madrileños. Puede que en privado realice intensas llamadas a Pepiño Blanco para que avive un poco el seso con lo de Gijón, pero los resultados siguen a la vista.
Basta con recordar que el borrador de los Presupuestos Generales del Estado para 2010 no ponía nada de lo nuestro, y por ahora sigue en blanco al respecto. Por otra parte, de Pepiño Blanco sólo se puede deducir hasta la fecha que padece una gran confusión mental sobre Gijón, empezando por el puerto sucio de refugio que nos anunció hace unas fechas para después negarlo todo y hacernos pasar por tontos.
En resumen, que no llegará el fin del mundo, pero este ambiente caótico, o precaótico, ayuda a que nos mantengamos espabilados mientras nuestros repúblicos cultivan el correspondiente adocenamiento resignado.