JESÚS DEL CAMPO
Se subastan vestidos de Audrey Hepburn. Normal. Es de otra época. Viendo sus películas se te viene a la cabeza el refrán de cualquier tiempo pasado en fin, ya saben. Ya en las coplas de Jorge Manrique se habla de eso. El pasado es engañoso. Se hace más atractivo cuando está más lejano; tienta más lo clásico que la modernidad recién pasada de moda. Ves una película, de Audrey Hepburn o de esos años ingenuos, y no te llaman la atención los teléfonos que entonces usaba la peña: los de toda la vida, por así decirlo. En realidad, molan un montón. Ves en cambio una peli de los noventa en la que Sharon Stone aparece hablando con uno de esos artefactos king size, capaces de dejarte K.O. de un solo golpe, y te parecen lo que son: ridículos. Está cercano el día en que fueron motivo de vanidad, y eso abochorna. ¿Pasará lo mismo con los teléfonos móviles, se harán risibles con el tiempo, quedará perdida en el cruel olvido la forma en que Naomi Campbell convirtió el suyo en arma arrojadiza? ¿Dónde estás, Naomi del alma, que pareces fray Luis de León lejos del mundanal ruido?
Es lo de siempre, la vida es un relevo. Zapatero posa con sus compañeros en una de esas fotos inestables en las que, más que transmitir confianza, se intenta tenerla antes. Llama la atención, por cierto, que el presidente del Gobierno asturiano se deja querer por la cámara en alguna de las fotos en cuestión. La política es el arte de colocarse a la derecha del Padre, o a su izquierda, pero cerca en cualquier caso. Se equivocó Alfonso Guerra: en la foto hay que moverse.Y no puede pasar inadvertido, ciertamente, el hecho de que Felipe González se abandone al bien común en detrimento de las químicas personales y se deje ver en público con gesto de caridad. Jiménez y Chacón ríen fraternas a su lado; él, no tanto. En el relevo de la vida suele enseñar más los dientes quien acaba de llegar. El fraile que antes ha sido cocinero -y leído a Jorge Manrique de paso- sabe demasiado sobre verduras de las eras para entregarse al espejismo del entusiasmo. Mejor así. El deporte, donde no es posible envejecer y mantenerse en alta competición, es una escuela de humildad por las bravas. Se habla de Murray con las letras con que antes se hablaba de Nadal. La prisa por el relevo es un signo de los tiempos. Por eso reconforta ver que hay momentos en que se saben respetar las formas. Los minutos de silencio guardados en los campos de fútbol de Alemania en memoria de un portero muerto hace poco fueron eso: minutos de silencio conmovido. En otros países no serían posibles. Mejor pasar de comparaciones. Lo dejamos así.