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Avilés y el Imperio romano

n La ciudad llegó a tener unos 140.000 habitantes hace casi mil seiscientos años

 
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Avilés y el Imperio romano
Avilés y el Imperio romano  

ALBERTO DEL RÍO LEGAZPI Los romanos llegaron a Avilés en el año 379, «cuando el emperador Teodosio ciñó la diadema del Imperio», según un legajo de manuscritos que cuida como oro en paño el sacristán de Vallines, en San Pedro Navarro. Como el archivo histórico de San Cristóbal de Entreviñas, que guardaba considerable cantidad de pergaminos, fue destruido por un incendio, sólo quedan por testimonio único los manuscritos del rapavelas, trascritos por José Benigno García y difundidos a continuación.

Por ellos sabemos que los romanos vinieron a Avilés en corto número, pero como «las avilesinas gozaban ya por entonces la fama de hermosura se casaron casi todos», multiplicándose de tal forma que la población llegó a ascender a 140.000 habitantes, aunque «es de advertir que las murallas de la villa no existían todavía en aquel tiempo».

La indumentaria femenina consistía en holgada bata de seda, la masculina en una toga, «enaguas y calzoncillos eran desechados por incómodos».

El gobierno estaba formado por una curia de diez individuos, elegidos por sí mismos, entre los de mayor riqueza o audacia. Eran paganos y entre los ídolos que veneraban descollaba la diosa Galiana.

Las mercancías entraban libres de toda gabela, excepto azafrán y garbanzos, manjar predilecto de los avilesinos de aquel tiempo, así como la fabada con morcilla. La industria la formaban fábricas de sombreros de paja y alpargatas de cáñamo, «exportadas a todo el globo terráqueo», así como productos alfareros de Miranda, del Martinete del Vidriero, los finos paños de lino y los jamones, que ya entonces tenían fama universal.

El idioma era un latín «tan bastardeado y maltrecho, que de oírlo Cicerón, dudaría si los que en él se expresaban eran oriundos de China o nacidos en Bañugues». La esclavitud había desaparecido y nobles y plebeyos «fraternizaban a menudo en los lagares de sidra».

Todo esto que trascribo lo ha dejado por escrito José Benigno García, famoso literato de Avilés, al que en agosto de 1927 cuando se colocaron las placas que llevaban el nombre de la nueva calle (Marcos del Torniello) a él dedicada, agradeció el homenaje con estas palabras: «Ye tanto el calor que fa-i, que azúmbame la pelleya, con esto de guirigay, de honrarme con una cai, sobrándome una caleya», que descolocaron a las autoridades y provocaron el jolgorio del personal, algo habitual en tan singular como campechano ciudadano de Avilés, autor de mucha obra poética en bable y coautor de la «Historia cómica de Avilés» en castellano.

Hoy, 27 de noviembre, Marcos del Torniello (o sea, José Benigno García) cumpliría 152 años de su nacimiento. Felicidades.

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