JAVIER NEIRA
Enhorabuena a Valdés Salas, el inquisidor seminal, que para algo fundó la Universidad de Oviedo hace 401 años -no 402, según calculaban desde el anterior rectorado: no sabían ni contar-, y sucesivamente, felicidades a Feijoo -el gran sabio español del XVIII: el anterior rectorado le quitó el aula y el Gobierno del Principado ha destruido su celda-, y al resto de los gigantes de la alma máter ovetense: Salmeán, Clarín, Canella, Posada, Alas, Melquíades, Gendín, Bueno y, claro, López-Cuesta, que la cogió con tres o cuatro mil alumnos y en nueve años la puso en 25.000. Y cum laude para Gotor, el rector con mejor votación de Europa, que desde los criterios del primer mundo -y por eso frente a la politización partidista cutre que aquí se estila y todo lo torpedea- ha capitaneado la institución hasta conseguir que sea una de las cuatro universidades españolas históricas que logra la calificación de excelente. ¡Diez con matrícula, rector!, ¡vivan los bilbilitanos!
El otro día comentaba que lo verdaderamente importante ha sido el empeño, la voluntad de alcanzar la meta, el impulso para ponerse en marcha, las realizaciones correctas en orden al fin perseguido..., si además se consigue, miel sobre hojuelas.
El concurso estaba muy bien pensado: premia a los mejores, que en lo sucesivo sacarán aún más ventaja a los menos aptos. Lo contrario de la filosofía socialista, que beneficia a los mantas y castiga a los óptimos. Por algo Areces se desentendió del proyecto.
Como tarjeta de visita el Campus de Excelencia Internacional es fantástica. Si a Gotor lo dejan trabajar, el futuro de la Universidad de Oviedo será aún mejor que el excelente presente que a la vista y certificado está. Pero como la barahúnda de mandarines progres meta sus manos en el proyecto, apaga y vámonos.
El consejero de Educación, el viceconsejero de Ciencia y la directora general del ramo deberían cesar de inmediato en sus funciones universitarias. Todo el poder para el rector, que diría Lenin.