ANTONIO
MASIP
Cuando suenan los timbres llamando a votación, los ascensores del Parlamento europeo, en Estrasburgo, se atascan con diputados que salen corriendo de sus despachos. A veces es imposible pescar sitio para llegar al Hemiciclo, en la primera planta. Como a mí me resulta aún más complicado, suelo seguir el aforismo, que llamamos «efecto Medina», por un sabio, antiguo diputado canario: «El ascensor se pide para subir si quieres bajar». En una de esas maniobras domésticas me topé con Catherine -«Cathy»- Ashton hace tiempo. No aceptó mi invitación a subir y cuando yo ya bajaba no cabía un alfiler. Mi colaborador, Pablo, al quite, no en vano iba para diplomático cuando le propuse trabajar conmigo, salió del vehículo ofreciéndole lugar y aprovechando para presentarme.
Pocos conocían a Cathy, discreta y eficaz comisaria de Comercio, antes de ser nombrada alto representante para la Política Exterior y ser propuesta para que la examinemos en el Parlamento como vicepresidenta de la Comisión. Los jefes de los grandes partidos, PPE y PSE, como suele ocurrir, se repartieron los dos puestos creados por el Tratado de Lisboa, presidente del Consejo y alto representante. Al popular, con mayor presencia en la Cámara y en los gobiernos nacionales, le correspondía la Presidencia. El portavoz del socialista se precipitó entonces anunciando para la cartera de Exteriores la candidatura de Massimo D'Alema y ulteriormente de Adrian Severin, diputado rumano, y de Moratinos. Nuestro grupo, sin embargo, estaba obligado a promover una mujer tras las demandas y los logros feministas. Zapatero y José Sócrates así lo defendieron de consuno ante Brown. D'Alema, ex secretario del Partido Comunista Italiano y ex primer ministro, en el que algún empecinado sigue insistiendo, era, en definitiva, una disyuntiva falsa. Por otra parte, a Berlusconi, el increíble propietario de Villa Certosa, le llueven chuzos de punta y necesita buenos paraguas; D'Alema no da perfil genuflexo para ocupar la única plaza italiana en el Colegio de Comisarios. Moratinos tuvo oportunidad, pero sólo si la ex presidenta de Irlanda, Mary Robinson, premio «Príncipe de Asturias» de 2006, hubiera sido presidenta. Además, el puesto de España está reservado a Almunia, con tan excelente gestión.
Tras el veto sufrido por Blair; Londres no podía quedar compuesto y sin novia, máxime si, como todos reconocen, el nuevo servicio exterior europeo se va a basar en la experiencia británica. Un sector del Parlamento está pataleando aún, y lo va a seguir haciendo la semana próxima, con la cantinela de que Cathy fue una joven activista contra el rearme nuclear. A todas luces, eso no debería operar en su contra. También sé, por José Carlos Marín, entrañable funcionario, que se enfrentó al apartheid de Sudáfrica.
Bueno, Cathy Ashton asciende en el ascensor, aunque hay quien todavía manipula mandos y botones para dejarla fuera.
antoniomasip.net