JAVIER NEIRA
Pregunta: ¿cómo es posible que Cataluña esté a punto de independizarse aun contra sus propios intereses y encima ante la pasmosa indiferencia del conjunto de la ciudadanía, sea al este o al oeste del río Segre?
Respuesta: porque es lo que interesa a Francia y a Alemania.
Y les interesa porque la gran Europa en gestación requiere de una fuerte hegemonía que sólo se puede establecer con un núcleo central muy poderoso y un archipiélago de naciones-islas, cuantas más -o sea, cuanto más pequeñas-, mejor que mejor.
Los catalanes -salvo la insaciable clase dirigente y sus tentáculos: un 4 por ciento de la población, no más- pasaban completamente incluso de la mera eventualidad de redactar un nuevo Estatut. Encima, al poco los partidos se mostraron incapaces de sacarlo adelante. Fue ZP quien lo impuso cuando el texto en trámites era un cadáver ¿Por qué ZP tomó esa iniciativa in extremis? Porque, como buen afrancesado, respondía a estrategias transpirenaicas.
Pero al poco el panorama cambió. Con una crisis económica global tremenda, si España rompe -con el consiguiente trauma, sin duda gigantesco: que nadie se engañe-, puede arrastrar a Europa entera a un abismo insondable. Además, Sarkozy y Merkel, aunque se trata de políticas de Estado, se mueven en otras coordenadas.
A ZP le toca ahora echar abajo el Estatut que se había sacado de la manga. Menuda paradoja. Tiene, pues, que dar otro salto mortal y hacia atrás. La clase dirigente catalana, que se ha olido la jugada, está movilizándose sin cuartel.
Conclusión: hay que elegir entre lo malo y lo peor. Así es la España -o la Expaña- de ZP.