FÁTIMA FERNÁNDEZ
PROFESORA Y ESCRITORA
Estimado señor Berlusconi:
Supongo que estará usted al corriente, porque sus empleados de Tele 5 se lo habrán comunicado en su momento, que aquí en España el día 2 de agosto de 2008, un ciudadano español fue víctima de una brutal agresión por defender a una mujer que estaba siendo maltratada por su compañero sentimental. El ciudadano en cuestión se llama Jesús Neira y ejercía como profesor de Teoría del Estado en la Universidad Camilo José Cela de Madrid.
El riesgo de muerte por el que ha pasado el señor Neira sólo se comprende por quienes, de alguna forma, seguíamos los partes médicos que nos proporcionaban los distintos medios de comunicación o por quienes, después de tanto tiempo, en alguna de sus actuales intervenciones públicas, comprobamos cómo sigue luchando por alcanzar el grado de salud del que disfrutaba antes de la brutal agresión.
El hecho de traer a colación en esta carta el caso del profesor Neira no es premeditado. Creo que responde a una involuntaria asociación de ideas al enterarme de que también usted ha sido agredido con una estatuilla de la catedral de Milán, en la noche del 13 de diciembre, llegando a provocarle heridas externas e internas en el labio superior, rotura de dos dientes y ligera fractura nasal. Agresión que, con toda sinceridad, lamento.
Para reconfortarle en estos difíciles momentos, piense que puede parecer más dignificante ser atacado de frente con una réplica del precioso gótico del Duomo que por la espalda por ochenta y tantos kilos de energúmeno maltratador.
Pero dicho lo anterior, y considerando como muy reprobables ambas agresiones, echo de falta, en su caso, la contratación de varias entrevistas en Tele 5 a la equivalente a Violeta Santander del caso Neira. Una persona capaz de disculpar al agresor e incluso manifestar que «el agresor es una bellísima persona», que «el señor Neira no tenía que haber intervenido» o aquello, que posiblemente esté más fundado en su caso, de que el agresor «está bajo tratamiento psiquiátrico».
Tal vez esta carta nunca llegue a sus manos, pero en el caso improbable de que alguno de los rectores de la citada cadena se la hiciese llegar, le estaría eternamente agradecida si yo pudiese conocer la opinión de una persona allegada a Massimo Tartaglia, su agresor, que tal vez emulando a Violeta Santander manifestase, en la televisión de su propiedad, que los que le han protegido a usted nunca deberían haber intervenido. Lo pido en nombre del partido por el que usted es primer ministro, señor Berlusconi, llamado Popolo della Liberta (Pueblo de la Libertad), que debiera ser lo mismo que Libertad del Pueblo.
Por supuesto, no pido que a los allegados a Tartaglia se les haga una entrevista gratuita. Se les debe pagar religiosamente como es costumbre en estos casos, y aunque yo no dispongo de tiempo para ver el programa, como en todos los programas sensacionalistas de su cadena, la audiencia la tendría asegurada.
Le deseo, de todo corazón, una pronta recuperación.