FÁTIMA FERNÁNDEZ
PROFESORA Y ESCRITORA
Al igual que Saulo de Tarso en su camino a Damasco, son muchos los que, en las pasadas semanas, han sido descabalgados del jumento en el que viajaban, por el cegador resplandor de la nieve. Pero a diferencia de Saulo, no para creer, sino para dejar de creer en el calentamiento global.
Yo pienso que ni una cosa ni la otra. Ni esto justifica que la tierra se esté enfriando, ni cuando, en pleno verano austral, nos sacan imágenes interesadas del glaciar Perito Moreno desmoronándose signifique que el planeta se esté calentando.
El desprestigio en el que ha caído el IPCC, que es el Grupo Intergubernamental de Expertos para el Cambio Climático, sólo podría ser subsanado, a decir de Vicent Gray, ex componente del grupo, o por una total regeneración o por su disolución. Las graves acusaciones que en su día lanzó el mencionado Gray, unidas a las recientes acusaciones de falsificación de datos por Phill Jones, hacen que la voz de los llamados «Escépticos» tenga cada vez más fuerza.
Es sabido que donde se manejan enormes cantidades de dinero suelen ocurrir dos hechos relevantes. En primer lugar, gente intentando seguir chupando de la teta, y en segundo lugar, decir a sus clientes, en este caso los gobiernos, lo que desean oír. ¿Es mucho pedir, ya que lo están haciendo con nuestros impuestos, exigir al IPCC la no falsificación de datos, y la verdadera conclusión que de los mismos se desprenda, sin falsear la realidad?
Sería bueno que este grupo de expertos empezase por aclararnos qué es lo que va ocurrir el año próximo, el siguiente, y el siguiente? con el clima, antes de dibujarnos un apocalipsis a treinta o cuarenta años, que ya pocos se creen. Esto nos daría, al menos, una idea real de hacia dónde vamos. La no presentación o la no confirmación de los pronósticos más inmediatos, podría hacernos pensar que, como dicen los escépticos, los modelos matemáticos utilizados son incapaces de dar explicación, ni tan siquiera, al clima actual. En España, el Calendario Zaragozano viene realizando esa labor desde el año 1840 y según algunos, hasta acierta. ¿No sería esto mucho más razonable que intentar colocarnos un nuevo «dogma de fe» cuyo cupo de admisión, para esta generación, ya hemos completado, lamentablemente, con el dogma del «pleno empleo»?
Desearía que, una vez dado ese primer paso para saber si vamos hacia un calentamiento, como dice el IPCC, o un enfriamiento, como dicen otros muchos expertos, fuesen capaces de decirnos, sin falsificaciones interesadas, y si es que lo saben, cosa que dudo, si las causas son antropogénicas (consecuencia de la actividad humana) o responden a ciclos naturales.
Estas dos últimas preguntas son el «principio» y el «fin» de toda discusión sobre el calentamiento global, porque algunos pueden pasar de seguir chupando de la teta a quedarse en el paro.
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