CELSA DÍAZ ALONSO
Qué es exactamente lo que celebra el señor Iglesias Riopedre con una gala cuyo presupuesto escandaliza a más de uno?
¿Quizás el cierre de aulas en Pola de Somiedo o de colegios como el de Los Semellones? ¿Será tal vez la amortización de plazas en institutos como el de Cangas del Narcea en el que la reducción de plantillas no permite desdoblar grupos en Ciencias Naturales? ¿O será acaso la desaparición de módulos profesionales en lugares cómo Salas?
¿Tal vez festeje la chapuza de la Carrera Profesional, anulada por el Tribunal Superior de Justicia de Asturias, y que dejaría a los docentes en manos de la Consejería de Administraciones Públicas, convirtiendo a la de Educación, que él dirige con mano tan firme y entusiasta, en un mero títere?
¿Celebrará por ventura el haber conseguido un nutridísimo grupo de asesores (sesenta y nueve si mal no recuerdo) entre los que se encontraban gentes que no habían pisado las aulas en veinticinco años?
Quizá no advirtiese, cómodamente sentado en su butaca del Auditorio ovetense, que un numeroso grupo de profesores, tanto de la enseñanza pública cómo de la concertada, rodeados de un compacto cordón policial, pitaban y abucheaban hartos ya de tanta tomadura de pelo. ¿Acaso no recuerda el señor Riopedre aquellos gloriosos tiempos en los que él mismo se manifestaba libremente por las calles de Gijón, portando pancartas a favor de la enseñanza del Asturiano? Ay, ay, ay. Las vueltas que da la vida.
Con todo, lo más sangrante de este despropósito es haber permitido convertir un acontecimiento académico, en el que se galardonaba a los mejores expedientes de la ESO, en un acto político de precampaña electoral para mayor gloria del señor Areces -aunque parece que de poco le va a servir ya-, utilizando a padres y a alumnos como rehenes y convirtiendo a los profesores en los malos de la película. ¿Habrá mayor bajeza moral?
Pero si lo que realmente se celebraba era haber conseguido en estos diez años un colectivo dividido y desmotivado doy al señor Iglesias Riopedre mis más sinceras felicitaciones. Tal ha sido la eficacia del consejero de Educación en estos menesteres, que Fermín estudia traerlo a Paraxes como asesor mayor de la república.