JESÚS DEL CAMPO
Qué semana. Primero, cuando crees que tu corazón está a salvo, Naomi Campbell se mete en líos. Esto no es vivir. Créanme, uno tiene sus debilidades, pero lo de esta mujer me sobrepasa. Ahora su chófer la acusa de haberlo golpeado en la espalda. Pero bueno, ¿ya volvió de su misión en Haití? Y te acuerdas, de paso, de las fotos de Campbell con Chávez -este hombre a veces tiene una suerte que no sabe administrar-. Tanta murga con atacar al colonialismo español y otras monsergas. Mala táctica, por cierto: las respuestas, en política, deben ser lacónicas. Cuanto más excéntricas, menos parece importar la verdad. ¿Y qué fue de aquella charla con Campbell? Saben, me da mala espina; ahí Chávez fue discreto, y ni sus más fervientes admiradores le reconocerán la discreción como principal virtud. Pues nada, habrá que fastidiarse. La nada, por cierto, existe. Los autobuses urbanos empezaron una campaña muy imaginativa hablando de Dios, pero aquello, como la entrevista del caudillo bolivariano y la supermodelo de Streatham -gran barrio, viví allí- quedó en eso, en nada. Un ejemplo de nada es Ron Wood, guitarrista de los «Rolling Stones» a quien el gesto más musical que le suele uno ver es levantar el brazo derecho en señal de euforia en lugar de colocarlo cerca de las cuerdas como debería ser su trabajo. Keith Richards quiere un clon de bajo perfil que no le haga sombra. Asombrados se quedaron los franceses con el agua que la «Roja» les metió en casa. Parecía que se hubieran invertido los papeles; los jugadores de España se movían con el descaro de quien no sabe Historia (cosa muy probable), y corrían por el césped con la soltura de quien no tiene complejos. Los franceses, en cambio, recurrieron a las prisas y a los gritos de dimisión contra el entrenador. Otra cosa interesante de ese partido, y que prueba que los tiempos siempre están dylanianamente cambiando, fue la reacción de los vencedores, muy mesurada. Eso es señal de madurez; a más euforia, mayor señal de incredulidad por haber batido a quien se cree superior. No fue el caso y Vicente del Bosque, un tipo que sabe de elegancia, dijo que había sido una victoria bonita. Hace años hubiera habido un dos de mayo revisited.
Así que te quedas con la duda. Puede que no saber Historia sea bueno, al menos en el fútbol; quita peso de las botas. Decía Nuria Espert que llevamos escritos en la cara los libros que hemos leído. Los chicos de la «Roja» no parecen freaks de biblioteca, y es fácil adivinar qué libros no han leído. Pero España, con sus defectos, es un país poco chauvinista, y ganarles a nuestros vecinos del Norte con un desdén en el que ellos suelen ser maestros ha sido un puntazo. Del Bosque, un diez.