LUIS M. ALONSO
Hay que ver la facilidad que tienen los concejales de Avilés para subirse a un globo. Por regla general, no es que destaquen especialmente en nada de lo que hacen -me refiero a destacar de manera positiva o que redunde en beneficio de los avilesinos-, pero cuando se trata de subir al globo son los primeros.
No hace falta un gran esfuerzo de observación para darnos cuenta de que el globo que más veces ha ascendido a los cielos de unos años acá es el del Niemeyer. Dado que se trata de un proyecto firmado por un arquitecto de relumbrón no tendría por qué extrañarnos este sube y baja continuo, si no fuera por las grotescas circunstancias que han rodeado a la ascensión del globo siempre que se ha inflado.
La propulsión en estos momentos ha llegado a un momento de auténtica locura con el llamado concurso para el diseño de la nueva centralidad, o lo que es lo mismo, la actuación urbanística en los alrededores del futuro centro cultural de la ría que inicialmente, al menos, incluía la construcción de pisos. Son diecisiete los estudios -algunos de gran renombre, se esfuerza estos días en recordar el Ayuntamiento- que aspiran al contrato por el que el la Administración pública está dispuesta a pagar 700.000 euros. Todo ello, recuerde el lector, después de haber derrochado a manos llenas dinero del contribuyente para pagar hace cuatro un llamado «master plan», que sólo sirvió de propaganda electoral.
Ahora, nos encontramos con lo mismo o parecido: un plan especial, maqueta incluida, que airear en la próxima campaña y una actuación que quedará pendiente de una inversión pública que no existe ni puede garantizarse en las actuales circunstancias, ni, creo yo, a corto ni medio plazo. La propaganda electoral del gran plan firmado por grandes arquitectos les costará a las arcas públicas 700.000 euros y luego dormirá en un cajón. El globo ya está marcha. La pregunta es ¿quién va a poner el dinero para hacer realidad lo que se intenta hacer creer?