JAVIER NEIRA
Seis años después estamos como seis meses después, como seis días después o como seis horas después: no se sabe absolutamente nada de nada sobre el terrible multiatentado del 11 de marzo de 2004 en Madrid. Mejor dicho, resulta evidente que la verdad oficial es completamente falsa porque el arma asesina no fue Goma-2 ECO sino Titadyn -luego los autores no fueron dos moritos de Lavapiés y un esquizofrénico de Avilés- y se sabe también que desaparecieron 92 toneladas de pruebas y que un montón de gente mintió gravísimamente y que...
Sobre todo se sabe, porque a la vista está, que de aquella cambió la historia de España. Baste considerar lo ocurrido en estos últimos días, con el Gobierno español -si así se puede denominar aún- toreando la criminal colaboración entre el Gorila Rojo, las FARC y la ETA, o echando un capote al juez que no tira de la manta en el chivatazo del Faisán -donde desde círculos gubernamentales se avisó a gerifaltes de la ETA de que iban a ser detenidos por la Policía: ¿cabe traición mayor?-, o la petición a Fariñas para que deje la huelga de hambre en vez de pedirle a Castro que deje la dictadura o lo que ustedes quieran añadir.
Lo peor es la independencia de Cataluña y lo que venga -en la cuarta parte de España no se puede estudiar en español-, y qué decir de la crisis económica, que ciertamente es global pero aquí se negó -un engaño masivo- para ganar las elecciones y ahora cursa con fuerza extra, ya que el paro es doble y hasta triple que en las naciones de nuestro entorno.
En fin, más aborto, menos libertad religiosa, adoctrinamiento sectario en las escuelas y tal y tal y tal.
En estos seis años la historia de España ciertamente ha dado un giro radical y para peor, para muchísimo peor, desde aquellos años magníficos de los gobiernos de Aznar. ¿Por qué nos ha caído encima tal calamidad por no decir plaga?
La respuesta está en la pregunta eterna: ¿qui prodest?