TONI SILVA
Por fin el PP de Ribadesella parece que empieza a despertar de ese letargo en el que los populares han permanecido toda la legislatura, con la excepción del «caso Minordo», y sacan un boletín a la calle, el número siete. Se echaba de menos que el único partido de la oposición municipal (los de fuera están desaparecidos, aunque aparecerán en vísperas electorales ofreciendo el oro y el moro) permaneciera mudo ante sus votantes ante las cosas que con mayor o menor acierto iba haciendo este peculiar gobierno de coalición de Ribadesella, un «equipo», por llamarlo de alguna manera, en el que cada socio hace la guerra por su cuenta o, incluso, se enfrenta abiertamente al otro, tal como ya lo han hecho varias veces en lo que va de legislatura. Lo sorprendente (o no tan sorprendente, pues es muy probable que ninguno de los que cobran -y mucho- de las arcas municipales renuncie a su puesto hasta agotar la leche de la vaca municipal) es que ahí siguen, escenificando enfados y discrepancias en la prensa cada poco y enterrando el hacha de guerra justo cuando toca cobrar la nómina. Igual que en el Gobierno asturiano, donde está claro el juego que se traen ambos socios.
Dos son los temas principales que toca este boletín del PP, el «despilfarro» de la calle Comercio y los «despropósitos» del plan de actuación turística del actual gobierno municipal. Sin duda, son dos asuntos importantes, aunque en ambos debían haber estado más diligentes a la hora de sacarlos a la opinión pública. Y digo más: debían haber encabezado una movilización ciudadana contra ese disparate urbanístico en que han convertido la calle Comercio. Creo que en el boletín se quedan cortos al limitarse a pedir cuentas económicas a los responsables del desaguisado, que por cierto nadie sabe muy bien quién ha sido, pues los éxitos tienen muchos padres y los fracasos ninguno. El problema de fondo de esa calle no es quién pagó o quién va a pagar la retirada de los bolardos, si es que se quitan, sino cómo es posible que se destroce impunemente una de las calles más céntricas e importantes de la villa. ¿Es que nadie tenía una cinta métrica para tomar las medidas de la calzada, de las aceras, de las plazas de aparcamiento y de los dichosos bolardos? ¿Es que nadie tenía dos dedos de frente para visualizar el desastre que se estaba cocinando?
El otro tema sustancial que sacan en sus páginas es una crítica frontal al plan de actuación de la Fundación Ribadesella Turismo para 2010, al que califican de «vergonzoso e impresentable», ya que «echa por tierra el buen posicionamiento a nivel nacional que el concejo logró tener cuando el PP gobernaba». Evidentemente, ni la gestión turística es la misma ni los órganos gestores lo son. El turismo es una de las áreas que más se han resentido con el actual gobierno municipal, pues ha estado marcada por la deficiente actuación y la dimisión forzada de ese concejal, la deriva consiguiente de esa concejalía, el baile de titulares, el descabezamiento de la gerencia, la falta de planes de actuación y la reducción a la casi inoperancia de la Fundación creada en tiempos del PP para gestionar profesionalmente la oferta turística. Demasiados inconvenientes como para que resulte eficaz. Ante quienes creen que el turismo «se organiza solo, como Les Piragües», los del PP ponen el dedo en la llaga en la confusa gerencia de la Fundación y enumeran los recursos locales que el plan deja fuera de atención y promoción, a saber: la Ruta Histórica del Puerto y los murales de Mingote, ignorados olímpicamente, la nula promoción de la gastronomía o el abandono de la organización de las jornadas de turismo. Parece claro que, por mucho que se mantengan las cifras de visitantes en la Oficina de Turismo, la labor por el turismo se parece muy poco a la de los años pasados, cuando a esta actividad se le daba toda la relevancia socioeconómica que tiene, guste o no. En el mejor de los casos, lo que se ha hecho es mantener lo iniciado por el gobierno anterior.